sábado, 7 de marzo de 2009

INICIO DE CLASES A DISTANCIA EN LA UNICA

GERENCIA DE LA COMUNICACIÓN




INVESTIGACIÓN DE LOS MEDIOS



PRACTICA PROFESIONAL DE TV











El periodismo –más allá de la plataforma tecnológica en la que se apoye– es invariablemente búsqueda, revelación, novedad. La tarea esencial de los periodistas es identificar la noticia, recogerla y comunicarla. De allí que uno de los atributos medulares del periodista sea la vocación por lo noticioso. Noticia periodística es aquella que antes no se conocía y tiene suficiente interés para ser difundida de manera pública. Pero en la actualidad nos encontramos ante un escenario público repleto de noticias de las más variadas temáticas. Distinguir entre unas y otras, jerarquizarlas de acuerdo con su significación para la sociedad y difundirlas, es tarea de los periodistas. Una gran cantidad de esas informaciones aparece, se propaga y permanece en el espacio cibernético de la red de redes de computadora. La digitalización de la información y su expansión a través de Internet, impone nuevas condiciones pero mantiene muchos de los viejos dilemas del periodismo.

Hoy disponemos de una apabullante abundancia de informaciones en la que, con frecuencia, encontramos más motivos de confusión que de orientación. Centenares de canales de televisión y radio y millares de sitios web con información periodística, o que pretende serlo, no necesariamente son mejor opción a los mecanismos tradicionales que han nutrido de noticias a nuestras sociedades. Estar sumergidos en la sociedad de la información constituye un privilegio y un desafío, aunque también puede ser una manera de ahogarnos en el mar de datos y mensajes que nos circunda y se ensancha constantemente.

Los nuevos soportes tecnológicos propagan como nunca antes los mensajes mediáticos y periodísticos, pero el alcance social y las responsabilidades públicas del periodismo siguen siendo los mismos. En línea o fuera de ella, la prensa –dominada hoy por corporaciones mediáticas aunque también con zonas de diversidad y contraste cada vez más acreditadas– sigue teniendo aquel “poder espiritual” que hace tres cuartos de siglo le reconocía, no sin preocupación, José Ortega y Gasset. Desplazado el ascendiente de la iglesia y en retirada el poder ideológico del Estado, en la sociedad no había otra influencia que la de la prensa: “hoy no existe en la vida pública más ‘poder espiritual’ que la prensa. La vida pública se ha entregado a la única fuerza espiritual que por oficio se ocupa de la actualidad: la prensa”, recalcaba ese autor [2].

Así que desplegado en tinta y papel, acotado a los formatos de la radiodifusión o deambulando por las redes digitales, las repercusiones del periodismo obligan a pensar en él como bastante más que una actividad técnica y al periodista, como mucho más que un mero intermediario entre el acontecimiento y sus públicos. El periodismo cibernético tiene formatos, posibilidades y características no solo distintivas respecto del que se ejerce en otras modalidades sino que, incluso, le confieren una versatilidad que no alcanzan las plataformas convencionales. Pero es pertinente que no olvidemos que impreso en rotativas, propagado en ondas hertzianas o plasmado en páginas de la red de redes, el periodismo no deja de ser, como ha dicho Gabriel García Márquez, esa “pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad” [3].

Y es que para los internautas, el ciberperiodismo constituye una posibilidad de información y esparcimiento en ese océano de contenidos y provocaciones que es la red de redes. Para las empresas mediáticas se trata de un desafío –a menudo sobredimensionado y las más de las veces mal entendido– en el desarrollo de sus negocios. Para los medios convencionales el ciberperiodismo es fuente de dudas, competencia y retos. Para los periodistas, se trata de una oportunidad… de seguir siendo, ni más ni menos, periodistas.


Novedad, opción y coartada

Junto con Internet misma, el periodismo cibernético ha crecido de manera exuberante y pocas veces a partir de un esquema previamente establecido. La información en tiempo real circula con tanta prodigalidad que para muchos de sus usuarios el problema no es encontrar noticias sino discriminar entre la formidable oferta de contenidos que hay en Internet. Millares de diarios y revistas entienden a sus sitios web como espejos, herederos y a la vez pregones de sus ediciones impresas. La imbricación de la prensa en línea con otras formas de comunicación de masas está volviéndose habitual y, sin trastornarlo sustancialmente, comienza a modificar el panorama de los medios masivos.

Interactividad y formato hipertextual, se han convertido en posibilidades pero a menudo también en coartadas del periodismo cibernético para considerarse novedoso. La búsqueda del hecho o el dicho más recientes, siempre consustancial al trabajo periodístico, es divisa básica del ciberperiodismo pero a menudo lo condiciona hasta desfigurarlo, o privarlo de su sentido informativo e interpretativo. En no pocas ocasiones la forma –aderezada de efectos visuales, diseños estruendosos y recursos tecnológicos no siempre indispensables– se sobrepone al fondo en el periodismo en línea.

Después de un desarrollo constante e intenso, el ciberperiodismo comienza a encontrar encrucijadas. Periodismo para todos o especializado, oferta de contenidos universal o restringida, información constantemente actualizada o reproducción de formatos y plazos de las publicaciones fuera de línea, servicios de paga o gratuitos, periodismo de escándalo o apuesta por la profundidad: allí se encuentran algunos de los dilemas que los editores de la prensa en línea deben resolver todos los días.


Recibir y responder

La interactividad es la más notable de las virtudes del periodismo electrónico. Ningún otro medio, como Internet, tiene esa cualidad para que los destinatarios de sus mensajes reaccionen, repliquen e incluso se conviertan en productores de nuevos contenidos, todo en el mismo canal.

La modalidad más plena de la interactividad es la retroalimentación. Gracias a sus posibilidades para que los mensajes circulen de ida y vuelta, la red de redes ha materializado aquella vieja y siempre incumplida aspiración de los patriarcas de las teorías de la comunicación que consideraban que mientras no hubiera plena capacidad de réplica la transmisión de mensajes era, simplemente, flujo de información. Comunicar es recibir y contestar, se decía en esos iniciales y aun indispensables esquemas. E Internet, a diferencia de los medios de propagación masiva que difunden el mismo mensaje a muchos que son simplemente receptores, ofrece esa anhelada posibilidad de respuesta. Foros de discusión, chats en tiempo real, y correo electrónico directo al ordenador del reportero o el articulista, se encuentran entre las opciones para que los destinatarios del periodismo electrónico vayan más allá de la recepción pasiva.

Pero los lectores de prensa en línea, por lo general, siguen conformándose con ser solamente consumidores. Muy pocos trascienden la costumbre de recibir mensajes sin replicar a ellos. A pesar de que tienen la posibilidad de enriquecer sus contenidos con las aportaciones de sus destinatarios, todavía son escasos los espacios periodísticos que hacen de esos foros un elemento central de su presencia en Internet. Al mismo tiempo, los visitantes de sitios de contenido periodístico casi siempre se consideran (o se comportan como) consumidores y no actores en un intercambio creativo y participativo.

Quizá suponer que los usuarios o beneficiarios de la información periodística querrán siempre reaccionar a ella constituye una quimera que, por lo demás, si se cumpliera pondría en aprietos serios a los periodistas y sus medios cibernéticos. Si todos los lectores de una página de noticias en la Red les replicaran en correos electrónicos a quienes la han creado, los editores de la prensa en línea no se darían abasto. De hecho una de las nuevas tareas de los ciberperiodistas, o incluso de aquellos cuyas contribuciones aparecen en medios convencionales en donde se indican sus correos electrónicos, consiste en leer todos los días una extensa colección de mensajes que les llegan por e-mail. Allí se encuentra una forma de retroalimentación entre el periodista y sus públicos pero, por lo general, quienes se dirigen por correo electrónico al autor de una información o una opinión en los medios siguen siendo pocos entre todos aquellos que han tenido acceso a ese contenido.

La retroalimentación todavía constituye una posibilidad solo esporádicamente explorada y no ha modificado sustancialmente el comportamiento de los lectores o destinatarios de la prensa en el ciberespacio. Muchos de ellos son consumidores condicionados por los hábitos pasivos que imponen los medios convencionales. Aunque pueden hacerlo, no tienen interés en replicar al texto que han leído en la Red y mucho menos en colocar sus propias reflexiones o informaciones en Internet.


Construir el relato periodístico

La retroalimentación de los destinatarios de la información periodística respecto de los editores y emisores de estos mensajes, puede ser un recurso magnífico del periodismo en línea pero sólo como complemento de su tarea esencial que es la difusión de las noticias y su presentación en contexto. Otra forma de interactividad, menos ambiciosa pero distintiva del ciberperiodismo, es el recorrido de un contenido a otro, siguiendo las ligas que el consumidor de noticias encuentra en las páginas de contenidos noticiosos. A esa manera de transitar por la información se le suele considerar navegación hipertextual.

El lenguaje del periodismo electrónico se sustenta en los mismos códigos expresivos de la prensa convencional. Pero cuenta con la posibilidad de tender, cruzar y sugerir referencias con otras páginas en la Red de redes. El hipertexto es una herramienta insuperable para construir el contexto de un acontecimiento. La posibilidad de brincar de una página a otra, permite que cada quien componga el panorama en el que habrá de ubicar la información que le ha interesado. Pero el hipertexto, en rigor, es mucho más que el sistema de referencias que conduce de una a otra página web.

En su sentido originario y estricto, el hipertexto es una forma de escritura en donde cada bloque de texto puede ser acomodado de diversas maneras, de tal forma que adquieren distintos sentidos de acuerdo con el orden que se les da. En la creación hipertextual el lector desempeña un papel activo al elegir cómo recorrerá –o mejor dicho, reconstruirá– el texto según sus preferencias. Un empleo más enriquecedor del hipertexto radica en la producción de un relato con la colaboración de varios autores, cada uno de los cuales añade su aportación para darle sentido a las que le han precedido. Habitualmente restringida a la creación literaria, esa modalidad podría ser útil para rescatar las miradas de varios periodistas sobre un mismo acontecimiento.

El aprovechamiento más creativo del hipertexto, desde el campo del periodismo, aun está por explorarse. Más que en la difusión de informaciones o de géneros periodísticos que no requieren especial complejidad, ese recurso de lnternet puede ser muy valioso para la presentación de reportajes. Amalgamar el texto y su contexto, vincularlo a fotografías o documentos audiovisuales, enlazar la pieza periodística con los materiales en los que se ha apoyado su autor, son opciones con las cuales puede enriquecerse la presentación de una indagación periodística.


Hipertextos y pretextos

Mientras tanto, es preciso reconocer que en algunas ocasiones el hipertexto puede ser subterfugio para la presentación de notas muy simples a las que únicamente se adereza con ligas a otras páginas web. La reducción del ciberperiodismo a reglas pretendidamente acreditadas y que establecen parámetros estrictos para el diseño de periódicos en línea se traduce, entre otras consecuencias, en la proliferación de páginas electrónicas plagadas de vínculos no siempre necesarios ni útiles para ampliar el conocimiento o el contexto de una información.

Los recursos hipertextuales son de singular provecho para ubicar, ampliar, explicar o matizar los contenidos de carácter periodístico. Pero en ocasiones las ligas a otros sitios y páginas parecieran no tener más intencionalidad que la de colorear las páginas noticiosas de vínculos seleccionados caprichosamente. Colmar una información periodística de ligas a otras páginas puede ser una excusa para no incorporar dentro de ella el contexto que le de sentido y que permita a sus lectores ubicarla y entenderla. Puede ocurrir entonces que al emplear ese recurso sin criterios profesionales, tengamos pre-textos repletos de hipertexto.

La interactividad y sus modos constituyen la zona posiblemente más promisoria pero, mientras tanto, más incierta del ciberperiodismo. Habituados a la inacción que propician los medios convencionales, muchos usuarios de la prensa en línea simplemente no se plantean la eventualidad de tener ante ella un comportamiento activo. Que lleguen a interesarse en aprovechar los recursos interactivos –desde la posibilidad de respuesta directa hasta la construcción de su propia lectura navegando en las opciones del hipertexto– depende de la utilidad que los cibernautas puedan encontrar en involucrarse en un ejercicio recíproco, rompiendo las inercias de un consumo de medios tradicionalmente pasivo.

La interactividad es un recurso pero, salvo excepciones, no constituye la finalidad principal del periodismo cibernético. Aprovechar, potenciar, profundizar y diversificar las opciones de interactividad puede dar lugar a un periodismo en línea que sea original y, a la vez , didáctico.


Velocidad, costos y riesgos

Un tercer rasgo –junto con la retroalimentación y el hipertexto– que distingue al periodismo cibernético del que se hace para medios que no se encuentran en línea, es la actualización constante de la información. La página de contenidos periodísticos que se actualiza permanentemente y en donde las informaciones más recientes aparecen durante algunos minutos, desplazando a las que a partir de entonces comienzan a ser antiguas, es expresión de la velocidad de vértigo con que circulan las noticias en la sociedad contemporánea.

Los sitios de periodismo en la Red pueden tener ventanas por las que se deslizan las informaciones como en un antiguo teletipo y, también, pueden ser actualizados con tanta frecuencia como quieran y sean capaces sus editores. Esos dos recursos le confieren a la prensa en línea una vitalidad de la que carecen muchos otros medios.

Cuando un diario imprime su edición definitiva, o cuando termina la emisión del informativo en una radio o televisora, sus productores y públicos saben que ha terminado un ciclo en la cotidiana propagación de noticias en la que están interesados. El periódico será tan efímero como el día durante el cual circula y los noticiarios en la radiodifusión inician y concluyen un ciclo en cada transmisión.

El sitio de información periodística en la Red, en cambio, constantemente puede mudar de contenidos. Gracias a esa versatilidad es factible complementar, actualizar e incluso modificar o suprimir una noticia conforme el ciberperiodista recibe nuevas informaciones. El periódico permanente, que ha sido un sueño –o más bien una pesadilla– de muchos jefes de redacción habitualmente atenazados por la ineludible hora del cierre de cada edición, en Internet puede convertirse en realidad.

Titulares, ilustraciones, columnas, secciones y desde luego las noticias que son su esencia, pueden cambiar a cada momento. Esa posibilidad permite mostrar lo último, lo más nuevo, de acuerdo con el interés de los lectores ciberespaciales que suelen buscar los contenidos más novedosos. Pero el afán para tener un sitio actualizado al segundo, puede ser una riesgosa fuente de errores, distorsiones y engaños en la prensa en línea. Cada medio impone sus respectivos ritmos a sus procesos editoriales. La edición de un diario, desde que el periodista termina de redactar su texto hasta que es procesado para imprimirlo, implica cadencias que permiten que una nota sea evaluada por varias miradas en la redacción. En la televisión y la radio, aunque de ritmos de producción más veloces, suele haber procesos de evaluación de los contenidos.

Por lo general, en los medios convencionales después de que ha sido elaborada tienen que pasar varios minutos para que una información sea transmitida. En Internet, en cambio, el proceso para colocar información es tan sencillo y su realización requiere de tan escasa división del trabajo que una sola persona puede encontrarla, evaluarla, editarla y publicarla. Por su sencillez técnica el periodismo en línea puede rescatar los acontecimientos más recientes, superando en rapidez al que suele desarrollarse en otros medios. Todo el proceso de identificación, selección y publicación puede ser realizado por unas cuantas personas e incluso, aun con frecuencia, por una sola.


La médula del blog

Los weblogs, esas bitácoras personales que pueden ser actualizadas a cada momento sin que sea necesario que quien las edita tenga conocimientos de informática, se están convirtiendo en una de las opciones más sencillas y populares de la red. Los blogs suelen exponer, con pleno consentimiento suyo, la intimidad y la vida cotidiana pero también sueños, afanes y limitaciones de quienes llevan esos diarios expuestos a la mirada de cada quien.

A los blogs los distinguen la instantaneidad con que sus contenidos quedan en una página web y, por otra parte, el enfoque personal de sus autores. Cualquier tema puede ser contemplado desde esa perspectiva que, habitualmente, es relatada en primera persona. Así, cuando están destinados a propagar contenidos noticiosos los blogs tienen la singularidad de ocuparse de asuntos públicos pero, a diferencia del enfoque habitual en los medios de comunicación convencionales, el punto de vista y el tono narrativo que asumen es explícitamente personal.

Esa personalización, o individualización de la información, subraya la perspectiva propia de cada periodista que siempre existe en el tratamiento de cualquier noticia pero que, a menudo, los medios convencionales buscan disimular e incluso negar. Con el pretexto de que la información profesional es objetiva, los medios acostumbran ufanarse de una imparcialidad que jamás resulta absoluta. La recolección, la edición y la divulgación de una noticia siempre están permeados por consideraciones subjetivas.

Pero una cosa es reconocer la subjetividad inherente al tratamiento de las noticias y otra, hacer de ella un valor periodístico fundamental. En numerosas ocasiones los blogs, más que información original, ofrecen las apreciaciones del periodista acerca de un suceso. La versatilidad y velocidad con que pueden circular las informaciones en esos sitios de la red de redes han conducido a suponer que en los blogs quizá se encuentra una nueva forma de periodismo e, incluso, una suerte de democratización en el proceso de la información.

Hay quienes consideran que gracias a los blogs se modifican los estilos tradicionales de la construcción periodística. En vez de los esquemas usuales en la profesión, que exigen que una noticia comience por anunciar el meollo del asunto y luego lo vaya deshilvanando y que se procure responder a las preguntas básicas que nos hacemos ante un acontecimiento (qué, quién, cuándo, cómo) los blogs pueden privilegiar la experiencia personal del periodista frente a ese hecho. La médula del blog, en esos casos, no es la noticia sino la posición del periodista ante ella. No todos los blogs se ciñen a ese estilo pero, por lo general, no es frecuente que en ellos exista información nueva y mucho menos periodismo de investigación, sino reacciones –comentarios, réplicas, opiniones– a los sucesos que ya han sido conocidos.

Gracias a la agilidad y al poder de esas herramientas de edición, los usuarios de los blogs pueden recoger y colocar información en línea. Pero es arriesgado decir que, de esa manera, cada bloguero se convierte en periodista. En ocasiones la divulgación de esas bitácoras abiertas permite que se conozcan ángulos peculiares, definidos por la mirada personal de sus autores. Por ejemplo, cuando ocurrieron los ataque terroristas contra las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, varios periodistas neoyorquinos que vivían al sur de Manhattan crearon blogs para dejar testimonio de los terribles acontecimientos que les había tocado presenciar. En varios de esos espacios cibernéticos se pudieron expresar los sentimientos más directos e incluso el recuerdo personal de algunas de las víctimas, relatados por quienes las habían conocido. El valor afectivo de esos textos es indudable pero no tenemos la certeza de que hayan sido piezas específicamente periodísticas.

El periodismo siempre busca trascender en la sociedad. Su espacio natural es la esfera pública. Y hoy en día, para que una información periodística tenga relevancia pública, es preciso que sea recogida por los medios de comunicación convencionales. Los blogs pueden ser espacios de expresión, creatividad e incluso de búsqueda personales, capaces de interesar a segmentos importantes de cibernautas. También pueden ser puentes entre el periodismo y la sociedad, o entre la realidad y quienes la comunican. Pero, por lo pronto al menos, los blogs no son una alternativa a la comunicación de masas. Quizá su implicaciones más importantes se encuentras, en primer término, en la difuminación a la que contribuye entre las zonas de lo público y lo privado. Y al mismo tiempo, en la posibilidad que ofrecen para que en ellos se expresen ciudadanos que de otra manera no tendrían acceso a foro alguno.

Los blogs constituyen un fenómeno creciente, extenso y que es imposible soslayar entre los espacios de expresión e interacción de las sociedades contemporáneas. Ninguna otra forma de expresión en Internet ha tenido un crecimiento tan vertiginoso como el que los blogs han experimentado.


Recetas contra la creatividad

La libertad del blog no la suele haber en los sitios más formales del ciberperiodismo. Aunque se trata de un género muy joven, el periodismo en la Red ha comenzado a estar ceñido por normas que se imponen a la diversidad, creatividad y versatilidad que suelen ser atributos del periodismo fuera de línea.

La investigación acerca de pautas y preferencias de los usuarios de estos y otros sitios en Internet ha ofrecido contribuciones muy importantes para saber quiénes y cómo navegan en el ciberespacio, especialmente en sitios dedicados a la información periodística. Pero aun es demasiado pronto para considerar que todos los usuarios, en todas las circunstancias, reaccionarán de la misma manera ante esquemas similares de manejo informativo y diseño gráfico. Sin embargo en muchas ocasiones el boceto de los sitios de material periodístico en la Red, la disposición de sus contenidos y especialmente la dosificación que hacen de textos en beneficio de las imágenes, son definidos a partir de criterios de mercado de improbable eficacia.

Las fórmulas para diseñar y manejar información en Internet se están convirtiendo en un corsé para el periodismo en el entorno digital. A partir de ellas muchos sitios tienen estructura, criterios y en ocasiones contenidos idénticos o muy similares. A veces sin proponérselo y en otras ocasiones por falta de recursos o de imaginación, los editores de tales sitios confeccionan páginas semejantes a las que consideran que han sido exitosas y entonces, unas parecen clonadas de las otras.

El periodismo en la Red, gracias al entorno de libertad en el que se desarrolla y a la ausencia de limitaciones temporales y espaciales, tiene las mejores condiciones para desplegar todo el talento del que sean capaces sus autores. Sin embargo en no pocas ocasiones esas posibilidades quedan coartadas por la supeditación de los proyectos editoriales a las fórmulas que establecen la moda, los mitos y el marketing.

Los diseños más socorridos se convierten en paradigmas sin haber pasado por la prueba del tiempo. Con gran facilidad se construyen leyendas acerca de la supuesta eficacia de uno y otro esquema para presentar las noticias. Y ya dejan sentir su presencia las empresas de mercadeo que aseguran tener la fórmula exacta para que un sitio alcance audiencias numerosas y notoriedad en la Red.

No siempre esas recetas tienen éxito y con toda certeza puede decirse que nunca bastan para hacer periodismo, en el entorno que sea. En línea o fuera de ella, el periodismo –vale la pena reiterarlo– es búsqueda, oportunidad, sensibilidad y originalidad: los estudios de mercado y las pautas para diseñar páginas web pueden ser útiles pero no aseguran el desarrollo de ninguno de esos rasgos.


Depauperadas redacciones

Otro de los mitos alrededor del ciberperiodismo es la suposición de que basta llevar un ordenador a la sala de redacción y poner a un capturista a levantar en línea la edición impresa para que tengamos, solo por eso, auténtico periodismo digital. Los directivos de muchas empresas dedicadas a la información en tinta y papel han creído que Internet es una ventana más para hacer negocio y que solo es preciso llevar los contenidos a un sitio web y empezar a recabar cuotas de quienes los consultan. Esa forma de vanidad, o de simpleza periodísticas, ha llevado al fracaso financiero y al estancamiento editorial a millares de aventuras periodísticas en la Red.

Los medios en línea aun se debaten entre la posibilidad de cobrar o no por el acceso a sus contenidos. Hay conocidos casos de empresas que han invertido millones de dólares con el propósito de recuperarlos y acrecentarlos con rapidez y al cabo de un par de años han tenido que reconocer que el negocio en la Red, si lo hay, será a mediano o largo plazo.

Todavía no se inventa una fórmula para que la prensa en línea sea financieramente exitosa y quizá jamás la haya. No es un error querer hacer dinero con el periodismo –el cual, en la medida en que es redituable, está en mejores condiciones de alcanzar mayores públicos y mejorar la calidad de sus contenidos–. El problema, aparentemente, ha sido el intento por trasladar a la Red los criterios de comercialización y negocio que existen para la prensa fuera de línea.

Internet toda y especialmente la WWW, es un enorme, creciente y hasta ahora ilimitado mercado de contenidos. La gran mayoría de ellos son gratuitos y los internautas avezados han aprendido a obtener materiales de calidad equivalente a aquellos por los que tienen que pagar. Ese es uno de los motivos del escaso rendimiento financiero que, salvo excepciones, han tenido los proyectos periodísticos de paga en Internet.

En ese océano de textos, imágenes e incluso memoria y sensaciones que hay en Internet, la única vía para que un sitio pueda singularizarse radica en la combinación de originalidad y calidad que logre ofrecer. Allí es donde falla el esfuerzo de una gran cantidad de publicaciones digitales.

Entre otras expresiones del escaso impulso que las empresas de este ramo invierten para hacer periodismo en línea se encuentra el poco respaldo que suelen tener los grupos a cargo de las ediciones digitales. Dos o tres redactores, con escasos recursos y a veces sin formación periodística práctica, son a menudo el motor, el alma y el soporte único de las publicaciones para la Red. Una investigación sobre las rutinas profesionales en cuatro redacciones para periodismo en línea en Cataluña encontraba: “La vida diaria en esas redacciones está lejos del modelo ideal. El trabajo de los periodistas en línea es pobremente considerado por sus contrapartes tradicionales y por ellos mismos. Las rutinas cotidianas ayudan para ello, obligando a los reporteros en línea a producir breves y rápidas piezas informativas” [4].


Rapidez no es calidad

La rapidez constituye una virtud del periodismo y especialmente del que se difunde en línea. Pero la prisa suele ser enemiga de la reflexión. Cuando un sitio de periodismo en línea tiene como prioridad la publicación de informaciones casi al mismo ritmo en que se están produciendo, no solo aumenta el riesgo de equivocaciones como indicamos antes. Además, esa urgencia tiende a desplazar una de las funciones básicas del periodismo que es, después de la información, la explicación de los acontecimientos. Más rapidez puede significar más abundantes e incluso apabullantes contenidos, pero no necesariamente mejores ni más originales elementos que ayuden al usuario de la prensa en línea a entender las realidades de las que se está enterando.

Desprovisto de limitaciones de tiempo y espacio, el periodismo en línea puede renovarse constantemente. Pero ese periodismo entendido como flujo permanente de noticias, pocas veces se propone tomar distancia respecto de los hechos de los cuales informa. En muchas ocasiones contribuye a la infoxicación pero no a la interpretación, que es una de las tareas básicas de la prensa.

En cualquier formato el periodismo tiene responsabilidades. Por eso es pertinente que en línea, o fuera de ella, los periodistas hagan explícitos los parámetros con los que manejan la información. Los temas habitualmente reconocidos como necesarios para la ética del periodismo impreso son los mismos que es pertinente practicar, y reivindicar, en el periodismo digital. Ya que la facilidad y la rapidez para difundir informaciones constituye una de las virtudes pero también uno de sus riesgos, los principios de ética periodística (acreditar las fuentes, distinguir entre información y opinión, rectificar falsedades, respetar la vida privada de la gente y la autoría de otros colegas, etcétera) son especialmente necesarios para el periodismo en línea.


Ciberperiodismo y ciudadanos

Pero la responsabilidad periodística, en la sociedad contemporánea, no se agota en las conocidas aunque frecuentemente incumplidas cantinelas que prescriben los códigos de las redacciones. Una concepción avanzada y desde luego ambiciosa de ética le atribuye al periodismo –y a los medios de comunicación en general– el compromiso de contribuir a que la sociedad no sólo esté más enterada, sino mejor enterada de los acontecimientos. Se trata, en esa perspectiva, de informar para que la gente entienda y no únicamente sepa, se entretenga o se estremezca. La profesora Adela Cortina, de la Universidad de Valencia, ha explicado esa posibilidad al referirse a la construcción de una ciudadanía mediática en donde los destinatarios de la comunicación de masas puedan constituir “una opinión pública madura y responsable en esa esfera de la discusión abierta que debería ser la médula de las sociedades pluralistas”. Mejor y más libre información, diversidad de opiniones, deliberación pública y con razones –y, añadimos nosotros, no solo respaldada en impresiones o emociones– forman parte de las prácticas que pueden conducir a que tengamos no sólo consumidores, sino ciudadanos en y delante de los medios de comunicación [5].

“Sentirse ciudadano –dice Cortina– exige, entre otras cosas, saberse reconocido en la propia sociedad”. Internet, con sus capacidades para la interlocución permanente y extensa, la explicación sin limitaciones de espacio ni conceptuales y el contexto comprensivo y minucioso, pareciera el medio idóneo para practicar y promover ese periodismo socialmente responsable y de calidad no solo profesional sino, también, ética. Pero en ella también hay indolencias y tentaciones capaces de reproducir las imperfecciones más conocidas del periodismo. Errores y engaños, simplificaciones y exageraciones son, entre otros defectos, algunos rasgos del periodismo en la Red.

Por eso es pertinente reiterar que, más allá de la plataforma tecnológica que lo distingue, el ciberperiodismo es, antes que nada, periodismo. Y que en tal virtud los cánones de esta actividad están vigentes independientemente de que la practiquemos para ser leída en papel, presenciada en los medios de radiodifusión o consultada en Internet. La red de redes puede ser un escenario formidable para practicar un periodismo competente, responsable, inquisitivo e inteligente. Pero en ella también pululan los más añejos problemas de la prensa y los periodistas.

Quizá en Internet la prensa convencional pueda tener el contraste que la obligue a ser tan rigurosa consigo misma como suele serlo con el resto de los actores sociales y políticos. Acaso en el ciberespacio podamos cimentar un periodismo capaz de contribuir a la misión que Ortega y Gasset buscaba para la Universidad, de la cual pretendía: “metida en medio de la vida, de sus urgencias, de sus pasiones, ha de imponerse como un ‘poder espiritual’ superior frente a la Prensa, representando la serenidad frente al frenesí, la seria agudeza frente a la frivolidad y la franca estupidez” [6]. Un periodismo en la Red que recupere las mejores virtudes y que intencionalmente resista excesos y errores del periodismo en otros formatos, sería el que mejor podría rescatar la nobleza de esta actividad y la generosidad del espacio abierto y libre, repleto de futuro, que es Internet.


La computadora está posicionada en el imaginario colectivo como el representante tecnológico de nuestro tiempo. Su uso se ha generalizado y se ha ido extendiendo hasta la base de la sociedad introduciéndose en los hogares y en la vida cotidiana. Las empresas la han incorporado como herramienta de trabajo, generalizando su uso en diversas tareas en las que hoy se han convertido en imprescindibles.

La incorporación de la tecnología digital ha traído como consecuencia cambios en los hábitos de las personas, que se reflejan en sus actividades diarias. El fenómeno "globalización" y las nuevas formas de trabajo y comunicación han afectado la dinámica de la vida diaria exigiendo una readaptación. La rápida transición social, económica, política, cultural y tecnológica, de efectos con alcance mundial, impulsaron el desarrollo de un sistema global de comunicación más detallado. Internet es resultado de este desarrollo y no generadora del mismo. Es un elemento tecnológico con dimensiones e implicancias sociales que mediatiza y contribuye a los cambios culturales de este tiempo. Su magnitud es tal que se mide exponencialmente el número de personas que se van conectando a lo largo del tiempo debido a la divulgación de su uso y posibilidades, y a los cada vez menores costos del equipamiento técnico necesario. Al mismo tiempo que los precios bajan la tecnología mejora y salen al mercado nuevos productos. Las posibilidades de transmisión de datos se amplía constantemente: ya no es necesaria una computadora para conectarse a un sitio de noticias, alcanza con tener un teléfono digital...



EL ESPACIO

El gran diferencial de la red con respecto a los otros medios de difusión está dado por el cambio evolutivo y constante que mantiene desde sus inicios. Es un medio que permite una retroalimentación real y permanentemente, que fomenta el aprendizaje (la mayor parte de los actuales navegantes son autodidactas) y que posibilita una comunicación horizontal y directa en tiempo real con usuarios que la utilizan desde sus roles de receptores, emisores o ambos. Y, además, a menores costos.

Internet funciona en un espacio electrónico donde el uso de hipertexto habilita que cualquier palabra o gráfico se una a cualquier otro punto en la red creando un espacio multidimensional. En este espacio se definen caminos temáticos que los usuarios pueden explorar y descubrir de acuerdo a sus tiempos y necesidades. El sustento de Internet es esta web de enlaces a enlaces que llevan de forma casi instantánea a información de todo tipo y lugar y de libre acceso. La carrera por el rápido acceso a la información, característica de nuestro tiempo, hace que Internet sea percibida como una fuente de consulta estratégica ya que es reconocida por su capacidad de transmisión y recuperación de datos. Para Hans Magnus Enzensberger, los nuevos medios están orientados hacia la acción, no hacia la contemplación; hacia el presente, no hacia la tradición. Ello no significa que carezcan de historia o que contribuyan a la desaparición de la conciencia histórica. Por el contrario, y en este caso, permiten que por primera vez el material informativo quede fijado de tal forma que en cualquier momento puede ser reproducido. La información acumulada está a disposición de todos los navegantes, y esta accesibilidad es instantánea.



LA HERRAMIENTA

Como el uso de recursos informáticos ofrece la particularidad de obligar a un 100% de participación activa, se genera una integración entre las habilidades de los propios programas y las habilidades de los usuarios, que quedan explícitas. Se genera así un proceso de retroalimentación entre el usuario y la máquina donde la interfaz oficia de mediadora. En el caso concreto de Internet puede producir su propio material con sólo tener conocimientos mínimos, ya que la propia red está brindando el soporte de perfil tecnológico-educativo necesario. Actualmente muchos sitios alientan a sus visitantes a convertirse en emisores, poniendo a su alcance soluciones sencillas para la creación y publicación de páginas web y el envío de mensajes. El usuario común es capaz de concretar propuestas que se adaptan al entorno con mucha creatividad, especialmente en las generaciones más jóvenes. En un nivel primario se podrían establecer tres perfiles de participantes: uno con su sinapsis formada en la época predigital, otro que participa activamente en la transición y otro que sólo mira pantallas.

Los sistemas computacionales multitarea y el hipertexto en las redes permiten acceder no linealmente a la información, lo que implica que la información debe ser pensada y estructurada de forma nolineal. El acceso a esta nueva estructura informacional nos presenta a su vez un cambio fundamental en las formas del pensamiento lineal, lo cual nos pondría frente a un cambio de paradigma en lo que se refiere a los procesos mentales y por ende a los procesos de construcción de estructuras cognitivas. El concepto de receptor pasivo deja lugar al de emirec, emisor-receptor, trayendo aparejado cambios radicales en las formas de la comunicación humana, donde los sistemas digitales actúan como las herramientas posibilitadoras de interactividad.



LA INTERACTIVIDAD

Para conseguir en la red una verdadera relación comunicativa y un compromiso entre el emisor y el receptor debe haber interactividad. La interactividad, a diferencia de la interacción, se logra cuando el receptor no es un testigo pasivo de la información. Si no es obligado a seguir itinerarios prefijados, si puede emitir opiniones, si puede agregar o quitar información a los contenidos, en definitiva, si cuenta con los estímulos suficientes para integrar las herramientas informáticas y comunicarse con ellas, volcando sobre la información primaria sus ideas y su creatividad, estará generando interactividad. Y la interactividad en la red está asegurada, ya que en su esencia Internet sigue manteniendo los modelos donde la percepción asegura el comportamiento. Si el receptor cuenta con el estímulo adecuado se convierte inmediatamente en emisor. Internet es actualmente el único medio de comunicación y difusión que permite la interactividad en tiempo real.

La referencia al compromiso parte de la actitud de ser un emisor de alguna clase: quien tiene un sitio en la red desea que el mismo sea visitado, quien tiene una casilla de correo electrónico incentiva a otros a usarla, los grupos de afinidad intercambian direcciones de sitios. Cabe destacar, además, que Internet tiene difusión gratuita desde sus inicios. La publicidad y la propaganda que surgen a partir de la red se extienden e incrementa con la actividad que generan. Y es la propia actividad la que va incorporando usuarios, que se hacen cada vez más expertos y que se convierten de receptores a emisores, aumentando la cantidad de información y el índice de participantes.



LA AUDIENCIA

Hay algunas consideraciones desde el punto de vista de la audiencia que deben ser tomadas en cuenta para una comunicación y un rendimiento efectivos de la publicación en Internet. Internet es el medio más segmentado y el más fragmentado, con públicos muy difíciles de identificar cualitativamente, con cientos de miles de accesos diarios y con una oferta de posibilidades que se mide en millones de sitios publicados ofertando productos y servicios muchas veces similares. Los usuarios no vuelven a visitar un sitio más de una vez si éste no les ofrece algo que los atraiga. Esta atracción está relacionada con la posibilidad de obtener algún tipo de beneficio que pueda ser utilizado en la vida cotidiana, ya sea tangible o intangible. Perder de vista que Internet es utilizada por personas reales es perder la posibilidad de llegar a esas personas.

En un medio como Internet llegar a la audiencia resulta la parte más compleja. Siempre se requiere la atención y disposición exclusivas del usuario para acceder al mensaje. Es el navegante el que primero debe llegar al sitio. La gran ventaja: es el sitio el que puede ir a buscarlo luego.



LA NOTICIABILIDAD

Internet se convierte así en el medio perfecto para la producción y difusión de información. La información proviene de personas que transmiten acontecimientos del mundo, que según Wolf son la materia prima de donde surgen los temas noticiables. La noticiabilidad está constituida por el conjunto de requisitos que se exige a los acontecimientos -desde el punto de vista de la estructura del trabajo en los aparatos informativos y desde el punto de vista de la profesionalidad de los periodistas- para adquirir la existencia pública de noticias. (Wolf, 1996: 216)

La gran cantidad de información en la red se convierte a su vez en materia prima noticiable. Ya no es sólo la actividad de los gatekeepers (seleccionadores de la información, Wolf, 1996: 206) profesionales la involucrada, sino que el usuario común se convierte a su vez en seleccionador y emisor de sus propias noticias. La contra de este punto es la canibalización generada con respecto a la credibilidad de las noticias. La información prolifera en un momento en que nadie sabe si existe la información, y la comunicación explota cuando cada vez se duda más de que se trata de una forma de intercambio (Piscitelli, 1995: 85). Capitalizar este punto es un gran desafío que los sitios de periodismo digital pueden revertir a su favor.



EL MIX

Internet ha creado miles de oportunidades de negocios que están siendo anunciadas en los diarios para desviar el tráfico a los sitios, muchos de los cuales no sobrevivirían sin los avisos en la prensa escrita. Y es que la prensa escrita sigue siendo actualmente una de las mejores maneras de generar tráfico en los sitios. Su atributo de credibilidad refuerza los mensajes de la comunicación periodística y publicitaria.

Entre las ventajas de Internet se encuentra la posibilidad de ampliar y/o complementar el alcance de los medios periodísticos tradicionales con más cantidad de información. Los medios periodísticos tradicionales se revalorizan a su vez por la información publicada en la propia red. Las reglas del juego están cambiando completamente en lo que se refiere a las estrategias de marketing y de producción, lo que afecta directamente los modelos de negocios actuales. Ya no se trata solamente de crear sitios y páginas, sino de interconectar canales de difusión con receptores. Un nuevo mundo se abre en las áreas publicitarias y de noticias, haciéndolas más efectivas y muchas veces más agresivas. Herramientas como el correo electrónico y los IRC (servicio más conocido como chat) brindan un aporte adicional en el intercambio. La riqueza de las posibilidades al establecer un diálogo directo entre el sitio y el visitante abre la puerta a la obtención de información de todo tipo, pudiendo integrarse lo online con lo offline en todos los aspectos, desde el contenido a la publicidad.

Los diarios en Internet evolucionan con la tecnología y su relación con los impresos cambia también día a día. Como las noticias se producen todo el tiempo tienen como característica cambiar constantemente. Las noticias no son estáticas, la prensa escrita sí. Internet es dinámica, la publicación digital también. El papel impide la interactividad, la red la incentiva y utiliza en su beneficio.

EL SITIO

Mantener un sitio de periodismo en Internet plantea en sí mismo un concepto diferente al resto de los sitios, y especialmente al de la prensa escrita tradicional. Este punto es vital para comprender la necesidad de contar con estrategias de desarrollo creadas por los profesionales de la comunicación y de la programación, que cuentan con la experiencia adquirida fuera de la red y que, de alguna manera, están formándose en base al acierto y el error en su gestión desde el contexto de la propia red hacia sus mercados locales. En el caso de Internet, con su dinamismo, versatilidad y bajos costos comparativos, es posible para un sitio la planificación de una estrategia que permita, en función de los resultados obtenidos durante períodos de tiempo estipulados, cambiar el enfoque o incorporar nuevas áreas temáticas sin grandes esfuerzos para así mantener a sus visitantes y captar nuevos.

En el campo de las mediciones de audiencias Internet ofrece muchas ventajas sobre los medios tradicionales. Es posible saber los valores cuantitativos de un sitio tan sólo por las mediciones de accesos al servidor, por los programas especialmente diseñados y por los servicios ofrecidos en el área en la propia red. La dificultad radica en la obtención de datos cualitativos. Los diarios tienen la fuerza de atraer a los navegantes al sitio una y otra vez. Tienen las noticias, los clasificados y una gran fuerza de venta debido a su cartera de distribuidores y clientes offline. La creación de un perfil de usuario favorecería la interactividad y fortificaría la fidelización. Esta información puede ser almacenada en una base de datos para luego ser analizada y vendida para concretar espacios publicitarios inteligentes que solventen y financien al sitio, generando rentabilidad.



LOS CAMBIOS

Se han suscitado opiniones acerca de que la prensa tradicional está sentenciada frente a la de Internet. Ted Turner, de Time Warner, declaró para la revista Fortune (enero 10 del 2000) no me gustaría estar en el negocio de los diarios en este momento. Creo que Internet se lo va a comer. Uno de los mayores problemas de los sitios de la web radica en la generación de contenidos que atraigan a la audiencia. Como la obtención de información y de noticias es uno de los motivos principales por los cuales las personas se conectan a la red, las empresas de Internet se han preocupado por proveer de contenidos de noticias a sus sitios y han creado o establecido acuerdos con diarios locales e internacionales. Incluso la misma Time Warner ha establecido acuerdos con AOL, trayendo la prensa escrita y la digital a una especie de existencia paralela. Es así que Internet está ayudando a los diarios a crear nuevos canales de réditos. La rentabilidad en publicidad ha aumentado en muchos diarios justamente por Internet. Desde este punto de vista la historia de los medios ha demostrado que ninguno mató a otro. Si bien con el nacimiento de las nuevas formas las existentes se vieron afectadas, alcanzó un tiempo de ajustes para que cada una encontrara su lugar y modelo de negocio.

Internet posibilita que el periodismo tradicional fortifique su posición integrando los contenidos offline con los online generando nuevas instancias de noticias. La posibilidad de actualizar las noticias en el sitio a medida que llegan y el enlazado con instancias anteriores es una ventaja comparativa importante frente al papel.

Dado que la computadora es un instrumento lo suficientemente dúctil como para permitir desarrollar material capaz de potenciar la creatividad y con una reproductibilidad instantánea, debería ser parte integrante de la actividad informativa con un nuevo enfoque que permitiera aprovechar su capacidad de interactividad y su adaptabilidad a diferentes grados de interés y particularidades del usuario.

La información debería apuntar a independizarse de sus vehículos formales para generar en el navegante la capacidad de desarrollar ideas y aplicar sus conocimientos para adaptarse rápidamente a los cambios en el entorno y a los nuevos estímulos. Los sitios de periodismo digital deberían ser facilitadores de noticias y no simplemente "transmisores de contenidos". Los recursos informáticos se deberían integrar en una estrategia de desarrollo del sitio dentro de la cual desempeñen una función y produzcan un compromiso entre las partes con la satisfacción de sentirse todos involucrados en una misma tarea. De esta forma sería posible una retroalimentación positiva permanente, generando cambios conceptuales que enriquecerían tanto a emisores como a receptores.

No se debe perder de vista que la comunicación es una función de supervivencia humana, y que el concepto medular es que el individuo necesita comunicarse. Internet es uno de los variados instrumentos adaptados a esa necesidad a través de la evolución. En épocas de cambio, o de crisis como también suelen llamárselas, es muy difícil renunciar al paradigma que ha llevado a dicha crisis. Es muy difícil ver las oportunidades, ya que se viven los procesos de adaptación tomando las pautas de comunicación conocidas previamente. El próximo desafío será romper la dinámica de feedback actual y crear un sistema que defienda el espíritu real de la comunicación.

Si bien Internet plantea una nueva alternativa en el desarrollo de la comunicación humana, la misma surge de los procesos cognitivos vigentes reforzando las estructuras más que cambiándolas. Las instancias de interactividad deberían contribuir a la construcción de un metalenguaje propio de la red, capitalizando los nuevos enfoques con la implementación de sistemas de recolección de datos en los sitios que comprendiera el lenguaje emergente del medio y que permitiera una comunicación abierta con su visitante adaptándose a los cambios e impulsándolos.














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