lunes, 23 de marzo de 2009

EL LENGUAJE Y ESTILO DEL CIBERPERIODISMO


Lenguaje y estilo del ciberperiodismo

Concha Edo *

La primera transmisión desde un ordenador a otro se hizo realidad en 1969. Según los profesores Leonard Kleinrock y Robert Khan, ocurrió exactamente el 20 de octubre de ese año entre la Universidad de Los Ángeles y la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. Pero Vinton Cerf y Larry Roberts, también estadounidenses, dicen que la fecha correcta es el 2 de septiembre porque entonces cuando consiguieron unir un ordenador y un conmutador.

Sea cual sea el día concreto en el que se produjo ese intercambio, los científicos que llevaron a cabo tan interesante experiencia sólo se enviaron en aquella ocasión algunas palabras sueltas. Pero ese mensaje tan breve puede considerarse el primer paso de un nuevo lenguaje que años más tarde adoptarían los medios de comunicación, que es distinto al de la prensa, la televisión y la radio, y que se ha convertido en uno de los grandes retos del periodismo de este siglo XXI.

El proceso investigador continuó en la década de los setenta con la invención del protocolo TCP/ IP (Transfer Control Protocol/ Internet Protocol), por Vinton Cerf , y en 1983 con el nacimiento de Internet. Pero las posibilidades de este hallazgo tecnológico se manifiestan con más claridad sobre todo desde 1991, año en que el científico británico Tim Berners-Lee, del Centro Europeo de Investigación Nuclear de Ginebra (CERN), crea un sistema que permite transmitir imágenes, texto y sonido -el World Wide Web- y ofrece la tecnología necesaria para conseguir un interfaz atractivo para los lectores.

Así, cuando en 1993 se anuncia el acceso libre a la red de redes es posible ver páginas web mediante el visualizador Mosaic, superado después por otros mejores y más sencillos, y se percibe que la pantalla del ordenador es un nuevo soporte para las noticias.

Gracias a un esquema uniforme de nombres para localizar la información - como el Uniform Resource Locator (URL)-, a un protocolo que permite acceder a cada uno de ellos -Hypertext Transfer Protocol (HTTP)- y a un lenguaje hipertextual -Hypertext Markup Language (HTML), entre otros- que permite navegar por los recursos de la red, es posible establecer vínculos entre las distintas informaciones multimedia que se encuentran dispersas en Internet, y traerlas a nuestra pantalla desde cualquier punto del planeta que disponga de una conexión.

Con estos ingredientes, a partir de 1993 los news media, y singularmente los diarios, comienzan a interesarse por informar a través de una de esas páginas web. Y es entonces cuando surge la necesidad de adaptar el lenguaje utilizado hasta entonces en el periodismo a las posibilidades de la nueva situación tecnológica y social; cuando se pone en marcha un proceso que está todavía en plena ebullición y del que vamos a tratar de exponer las realidades conseguidas hasta ahora.

Pero es conveniente aclarar que no estamos, en absoluto, ante un modelo definitivo, sino en una de las primeras fases de una viaje semántico, lingüístico y estilístico que acaba de empezar, que depende en buena medida de los avances científicos y de la evolución del periodismo y del que no sabemos cuándo y cómo llegará su cenit.

1. Características del lenguaje periodístico

El lenguaje periodístico nace inicialmente del literario, pero desde sus primeras líneas busca una comunicación distinta para conseguir transmitir con eficacia su mensaje informativo. Y va asumiendo una serie de cambios que le irán otorgando las singularidades que mantiene ahora y que, con más motivo desde la perspectiva cibernética en la que nos estamos moviendo en este texto, todavía no se han cerrado ni, posiblemente, se lleguen a cerrar nunca porque ni la sociedad ni la cultura son estáticas.

Se trata de un lenguaje que busca una comunicación distinta de la del lenguaje hablado, pero también diferente de la del literario o poético que va tras la belleza de la palabra sin retener su contenido. Y la responsabilidad del profesional de la información está directamente relacionada con dos cuestiones:

1) la actualidad y utilidad de lo que comunica, y
2) la verificación completa de los datos.

El discurso informativo habla de algo, habla del mundo; el literario hace el mundo. El discurso informativo se juzga por la relación entre conocimiento y hecho; el literario, sólo por la necesidad interna de la obra. En el informativo, la selección y valoración de lo comunicado se realiza con criterios prácticos, pensando en el público; en el literario, hechos empíricamente insignificantes pueden representar modos constantes de la existencia humana. El informativo es un acto de responsabilidad pública; el literario no se propone jamás la utilidad pública en cuanto literatura... (Diezhandino, 1994: 191).

Así, se puede afirmar que el lenguaje periodístico cuenta con las características propias de un estilo literario particular que se distingue de otros por sus fines informativos y por las exigencias del receptor del mensaje. El periodista trata de conseguir la comprensión rápida y total por parte del público y captar su atención, interesarle en la lectura, retenerle por la eficiencia de la forma y no soltarle hasta que esté dicho lo que había que decir (Albertos, 1991: 178).

En cuanto a la finalidad de su mensaje, es exterior y pragmática frente a la finalidad interior de la obra literaria, a lo que se puede añadir que el texto informativo es abierto porque su interpretación depende del contexto que sirve de referencia, mientras que un relato de ficción es un texto cerrado que contiene en su interior las claves para su identificación e interpretación (Núñez Ladevèze, 1991: 261).

Lo cierto es que los periodistas buscaron, desde la publicación de las primeras líneas, un estilo que impidiera cualquier tipo de duda respecto al contenido y que no se desvirtuara con ninguno de los cambios de registro suele traer consigo el lenguaje poético.

La comunicación periodística busca todo lo contrario a esa modificación del sentido de los textos que puede permitirse la literatura, que supone la irrupción en el texto de una subjetividad que puede ser enormemente enriquecedora desde un punto de vista creativo, pero no es precisamente noticiosa ni periodística. El estilo, la manera de presentar los hechos, va en el periodismo unido a la brevedad, a la exactitud, a la precisión y, más que a cualquier otra cosa, a la realidad (Edo, 1999: 153).

Y en estos momentos es especialmente importante delimitar este lenguaje y las señas de identidad del periodismo, para contrarrestar la invasión de informaciones -sucedáneos de la información periodística- que no están hechas por los profesionales de la prensa y llenan portales y páginas web en el ordenador, la PDA, el teléfono móvil o la televisión.

Los distintos códigos utilizados habitualmente por el periodismo escrito para transmitir la información sobre papel -o cualquier otro soporte semejante- se pueden explicar así:

- existe una serie visual lingüística, que se corresponde con el habla en transcripción gráfica, en lo que se considera lenguaje escrito, una serie visual paralingüística, que comprende un conjunto de variaciones -la bastardilla, que indica énfasis, los titulares y su tamaño, la disposición espacial, etc.- que son recursos gráficos para dar importancia a un texto de la misma manera que el tono de voz o el volumen del timbre cualifican los mensajes verbales, y, finalmente, las series visuales no-lingüísticas son las imágenes, fotografías, dibujos, color... (Verón, 1969: 146-47).

De estas tres series, hay una que se puede considerar dominante y que se constituye en código rector sobre las demás: la serie visual lingüística, el lenguaje escrito. Pero, con todo, esta circunstancia no es totalmente determinante porque se trata en conjunto de un lenguaje mixto en el que concurren distintos lenguajes simples que apelan siempre a la vista, aunque con mecanismos intelectuales diferentes.

Y en cuanto a las características que convienen habitualmente a las distintas manifestaciones del lenguaje periodístico escrito, se puede hablar de seis (Albertos, 1991: 203):

1) corrección,
2) concisión , con el predominio de las frases cortas que en castellano supone de 15 a 17 palabras por frase,
3) claridad, que aconseja el uso de los verbos en forma activa y en indicativo,
4) captación del receptor, ofreciendo lo más importante en las primeras líneas, con una descripción realista y viva, con riqueza y variedad de vocabulario, empleo colorista y ágil del léxico...,
5) lenguaje de producción colectiva, porque intervienen distintos co-autores con responsabilidad diferente en el texto final, y, por último,
6) lenguaje mixto, en el que las series lingüística, para-lingüística y no-lingüística se influyen entre sí para llegar al producto periodístico definitivo que van a recibir los lectores.

Pero el periodismo en cada una de sus modalidades -escrita o audiovisual- cuenta con un sistema de signos propio que responde a las posibilidades técnicas concretas de cada uno de los medios y que se pueden resumir en un esquema como el siguiente:


Periodismo escrito: 1) Series visuales lingüísticas
2) Series visuales para-lingüísticas

3) Series visuales no lingüísticas

Periodismo radiofónico: 1) Palabra
2) Música

3) Efectos sonoros

Periodismo audiovisual: 1) Código icónico: Imagen en movimiento
Imagen fija

2) Código lingüístico: Palabra

3) Código sonoro: música y efectos sonoros



Como en la prensa escrita, también se puede hablar de unos rasgos diferenciales del periodismo audiovisual que se realiza en la radio y la televisión. La facilidad para estar en el lugar de los hechos, la unisensorialidad y la fugacidad son propios de la información en la radio. Y su capacidad para transmitir cierta sensación de veracidad y dar un testimonio directo de las noticias hacen de ella un instrumento especialmente válido para la información. Cuanto más cotidiano sea el mensaje, más y mayores posibilidades de diálogo ofrece el medio. Con el diálogo la radio facilita al oyente el acceso a la comprensión de la realidad y le ofrece la oportunidad de manifestar su opinión ante los hechos (M. A. Ortiz y F. Volpini, 1995: 19 y ss).

En sus primeros pasos, la radio siguió las pautas marcadas por el periodismo escrito leyendo los textos en los distintos programas informativos. Pero para describir las particularidades actuales del lenguaje radiofónico hay que partir de la necesidad de escribir textos para ser oídos en los que se acentúa la aproximación al lenguaje hablado.

Un primer elemento diferencial es la entonación y otro la identificación que se establece entre emisor y receptor a través de la cercanía y la calidad humana de la voz, de la palabra, envuelta con sonidos y efectos especiales que refuerzan un estilo literario propio que se dirige exclusivamente al oído. Este estilo radiofónico se puede resumir en: 1) la importancia de utilizar oraciones breves, 2) en las palabras concretas y fáciles de entender, y 3) en hacer especial hincapié en el final de las frases. Y se ha ido alejando cada vez más del estilo escrito para asumir unos rasgos lingüísticos distintos y propios.

Una de las fórmulas más sencillas se resume en estimular, retener y fijar las fases deseables de todo este proceso porque la información oral es fugitiva y, por tanto, infinitamente más frágil que la escrita. No tiene soporte material tangible, no goza del beneficio del flash-back, la vuelta atrás permitida al lector de un periódico o revista y no se beneficia del peso de la presencia física de un conferenciante o del profesor. La información radiofónica es fugaz por naturaleza. El oyente ha de esforzarse por mantener ante los ojos del entendimiento la cinta inmaterial de las noticias que desfilan con velocidad, encadenando sin reposo palabras y frases (M. Hankard, 1973: 21 y ss).

Esta fugacidad da paso a rasgos muy específicos que proporcionan su propia personalidad a esta modalidad del lenguaje informativo. Uno de ellos es la necesidad ineludible de la brevedad, en un estilo comunicativo propio en el que la característica de la concisión se impone a las otras cinco porque en un informativo de radio sólo cabe lo imprescindible.

La velocidad media del informador radiofónico al hablar es de unas 150 a 170 palabras por minuto, y como parece demostrado que la atención del que escucha comienza a declinar entre los cuatro y los ocho minutos, resulta imprescindible para mantener su interés variar con frecuencia el punto de atención y, como consecuencia, recurrir a otra característica del lenguaje del periodismo: la claridad, evitando las frases largas, las citas, los porcentajes, las palabras difíciles. Un noticiario que dure diez minutos supone unas 1.500 palabras, que pueden ser el equivalente de dos columnas en un periódico, y ninguna noticia, por importante que sea, debe sobrepasar los tres minutos.

En el proceso informativo de la televisión, son esenciales para la expresión adecuada de su lenguaje: 1) la velocidad de la información y 2) la espectacularidad en el modo de ofrecerla. Este lenguaje presenta como elementos principales la selección espacial (encuadre) y la selección temporal (montaje). Este último tomará en consideración, entre otros aspectos, el factor tiempo -real o televisivo- expresado en velocidades relativas de acuerdo con las características de cada programa concreto. El lenguaje visual presenta propiedades como inmediatez, espontaneidad, actualidad, imprevisibilidad e intimidad (Aguilera, 1985: 187 y ss).

La técnica narrativa de la televisión supone, pues, la utilización de distintos elementos que tienen como base la imagen en movimiento aunque sin limitarse sólo a este modo de expresión: añaden la palabra, la música, los efectos sonoros y las imágenes estáticas en forma de gráficos, fotos o dibujos.

Para contrastar los valores informativos del periodismo escrito con los que se consideran propios de la televisión, se puede recurrir al análisis que los concreta en: 1) limitación de tiempo, 2) hora de emisión, 3) área de señal, 4) elementos visuales y 5) culto a la personalidad. Y de todos ellos son los dos últimos los que establecen más claramente la distancia entre el planteamiento informativo de la televisión y el de otros medios (Green, 1973: 72).

Así, si queremos establecer unas notas diferenciales de la información televisada es necesario partir de la una ineludible carga emocional (M. Albertos, 1991: 474) en la presentación de los mensajes que es el resultado de tres elementos: la importancia de lo visual, el culto a la personalidad y la presentación de la noticia como espectáculo. Y este papel principal que tiene el lenguaje de la emoción sobre el lenguaje racional y discursivo, más propio de la prensa escrita y hablada, es la característica más representativa de la información emitida por televisión.

Además, el hecho de que el mensaje periodístico utilice como soporte la imagen hace que su análisis se aleje de los planteamientos clásicos de la Lingüística para conducirnos al ámbito del estudio general de los signos, ya que la Lingüística, entendida en el sentido clásico, aparece en este caso como limitada para mostrar toda la complejidad de los mensajes periodísticos. Y se puede hablar de una serie de sistemas de signos que se sintetizan en tres códigos básicos -las imágenes, los sonidos musicales o ruidos y las emisiones verbales- y en una enorme variedad de subcódigos que tienen en común su casi completa dependencia de lo puramente visual (Eco, 1969: 133-138).

Queda a la vista que el mensaje televisivo es el que ha ofrecido hasta ahora una mayor abundancia y variedad de signos. Y, también, dos rasgos lingüísticos muy concretos: 1) el contrapunto que debe ofrecer el texto cuando la imagen necesita aclaraciones o distorsiona la objetividad del relato televisado, y 2) las peculiaridades de la estructura del relato literario para la televisión si contamos con la tendencia a presentar la información como espectáculo.

Finalmente, conviene aludir también a las funciones de la imagen como lenguaje porque sus singularidades le otorgan un valor de signo lingüístico asimilable en algunos aspectos a la palabra, como veremos más adelante al referirnos a los elementos icónicos en los medios digitales.

1.1. Lenguaje particular del ciberperiodismo

Al llegar a este punto es bueno recordar que el espacio informativo que se ha abierto en la red de redes recuerda todavía demasiado a la prensa escrita y, sobre todo, a los diarios editados en papel, por lo que inicialmente su sistema de signos se ciñe a las tres series visuales del periodismo escrito. Y, sólo en la medida que lo permite la tecnología, va abarcando los códigos audiovisuales para llegar a ese medio multimedia que todavía no se ha consolidado como tal pero que veremos en un futuro próximo.

Además, por la experiencia recogida hasta ahora en las publicaciones que se pueden seguir en la red se puede decir que requieren un lenguaje que asume las características ya conocidas -corrección, concisión, claridad, captación del receptor, lenguaje de producción colectiva y lenguaje mixto-, pero con el matiz particular de que en los medios on line no es sólo mixto sino verdaderamente complejo. Y que vamos a nombrar , más concretamente, como lenguaje múltiple (Edo, 2001: 86).

Porque si hasta ahora era necesario hacer una distinción entre los diversos códigos de transmisión escritos y audiovisuales, la información que nos llega a través de Internet - o de cualquier otra red en el futuro-, además de añadir a las posibilidades actuales las del hipertexto, que se estudia en otro de los capítulos de este libro, unifica los distintos lenguajes en uno sólo. Y nos va a llevar a la utilización simultánea de todos los que ya conocemos para llegar a producir uno distinto y plural que es unificador y multimedia y que va a ser imprescindible para los periodistas en todo el mundo.

Esta nueva denominación -lenguaje múltiple- responde al hecho de que, al valorar el lenguaje del periodismo en la red, vemos que la series visuales para-lingüística y no lingüística ya no son exclusivamente un elemento de la página que completa o refuerza el texto -hasta ahora dominante- mediante un titular, una foto o un dibujo.

En este nuevo contexto, estas dos series se equiparan en importancia con la netamente lingüística de tal manera que las tres se enlazan en un mismo nivel para contar las noticias utilizando a la vez palabras, frases subrayadas que sirven de conexión para acceder a otros textos e imágenes que representan conceptos conocidos por todos y que, por ser de carácter universal, pueden superar las barreras idiomáticas e intercalarse en textos escritos en todas las lenguas. Y en este nuevo lenguaje múltiple que utilizan los medios digitales también ocupan un lugar relevante, muy distinto del que han tenido hasta ahora, los elementos icónicos.

Así, todas las consideraciones acerca del lenguaje periodístico que se han expuesto en los primeros apartados siguen siendo útiles, pero en el contexto digital ya no es tan nítida la distinción entre prensa escrita y audiovisual, aunque una y otra dispongan de páginas propias en Internet. El lenguaje ciberperiodístico que, como hemos visto, comenzó siendo muy semejante al de los periódicos y utilizaba principalmente las series lingüística, para-lingüística y no-lingüística, puede añadir ahora la imagen en movimiento -tanto vídeos como gráficos interactivos- y el sonido, siempre que se disponga del software adecuado.

Las cabeceras editadas inicialmente en papel, que trasladaron su propio lenguaje a la red, muy poco después tuvieron que introducir y manejar los códigos icónicos y sonoros, hasta ahora exclusivos de la radio y la televisión, para comenzar a producir contenidos en ese lenguaje múltiple -todavía incipiente, lento y con muchas cuestiones pendientes- que abarca y abarcará mejor todos los formatos posibles de la tecnología actual.

Y también es importante hacer hincapié en otro elemento que se introduce descaradamente en el lenguaje: las siglas. Es frecuente encontrar en los textos B2B (Business to Business), B2C (Business to Consumer), WAP (Wireless Application Protocol), DVD (Digital Video Disk), ISP (Internet Service Provider), RDSI (Red Digital de Servicios Integrados), UMTS (Sistema Universal de Telecomunicaciones Móviles), IP (Internet Protocol), etc.

Sin embargo, en lo que se refiere a los iconos hay que hacer algunas matizaciones porque todavía no se ha llegado a conseguir un nivel de eficacia comprensiva suficiente en la sustitución de las palabras por imágenes. Como ocurre en otros aspectos del periodismo on line queda mucho por hacer. Y es necesario llegar a determinar cuales son los sistemas de expresión que de verdad aportan claridad y rapidez en la captación del mensaje.

El lenguaje gráfico tiene más limitaciones que el lenguaje hablado y el escrito, y la realidad es que, en los medios de comunicación que cuentan con un site en la red, es frecuente ver que los iconos van acompañados de la palabra que explica el concepto que se quiere representar.

Entre los profesionales más avanzados del estudio del diseño todavía existen ciertas dudas acerca de la manera más conveniente de utilizarlos y, a la vez, hay coincidencia en que es urgente llegar a unificar los modelos desde una perspectiva internacional con los criterios de máxima legibilidad en pantalla, concisión gráfica y claridad visual (González-Miranda y Royo, 1998).

Pero cuando además de las series visuales del periodismo escrito se utilizan el sonido, el vídeo y los gráficos interactivos y se ofrece al público una información periodística que se puede considerar multimedia, no podemos referirnos sólo al hipertexto. Puesto que se utilizan todos los soportes hay que hablar del hipermedia que, aplicando las mismas técnicas, hace compatibles el texto, el sonido, las imágenes fijas o en movimiento y los gráficos.

Se sincronizan así en el tiempo y en el espacio informaciones que inicialmente no tenían ninguna conexión y se presentan con ese lenguaje múltiple que combinará los códigos del periodismo escrito y el audiovisual en cada una de las noticias. Y que debe contar con las posibilidades interactivas de Internet y facilitar la actualización constante de las noticias, característica de la red, de una manera atractiva para el público.

El periodista que trabaja para cabeceras digitales tiene que interactuar con los lectores y pensar en multimedia, informar con textos, imágenes y sonido aunque eso hoy produce, en la práctica, unas dificultades operativas que la tecnología y, como consecuencia, los medios, todavía no han podido resolver.

Toda esta expansión digital supone la instalación en las pantallas del ordenador de un conjunto de medios de comunicación aparentemente distintos a los que estamos acostumbrados a ver. Pero la realidad es que tales cambios afectan, más que al fondo -el buen periodismo sigue siendo imprescindible-, a la forma y a las diferentes posibilidades de presentar el mensaje informativo que proporciona el nuevo lenguaje hipermedia.

En cualquier caso, el conjunto de los lenguajes del periodismo se ha mostrado y se muestra mediante unas formas expresivas que se manifiestan en un estilo concreto y en los géneros correspondientes, que profesionalizan los textos y facilitan el trabajo y la docencia del periodismo y que se estudian en otro capítulo de este libro.

1.2. Observaciones gramaticales

Las aspiraciones gramaticales de los textos escritos para la pantalla son, en principio, tan exigentes como las del mejor periodismo impreso. Pero en estos pocos años hemos podido comprobar que los contenidos informativos de los medios on line no son, en términos generales, los más correctos que se han publicado.

Es cierto que la posibilidad de cambiar cualquier texto al actualizarlo -quizá a los pocos minutos- elimina en parte el impacto visual de la impresión en papel y, en cierto sentido, produce un efecto semejante a la fugacidad de la información radiofónica. Y también que en las redacciones de los medios digitales la media de edad de los periodistas que elaboran las informaciones es muy baja. Pero, en cualquier caso, las incorrecciones gramaticales no hacen sino dañar aún más la credibilidad del trabajo periodístico que, por circunstancias que no es posible explicar aquí y que todos conocemos, no está en su mejor momento.

Como es lógico, las pautas de acentuación y puntuación no deben sufrir variaciones de ningún tipo al escribir para la red, pero la dificultad añadida que supone leer en la pantalla exige unos textos sin complicaciones que, además de ofrecer una síntesis ajustada de la noticia o el acontecimiento actualizado, eliminen tropiezos innecesarios.

El esquema sujeto-verbo-objeto, utilizado con toda su simplicidad y su eficacia, puede ser la mejor ayuda para conseguir una comprensión rápida del contenido. Y lo más sensato es prescindir, siempre que sea posible, de los diferentes modelos de oraciones complejas: así se evitar por completo la necesidad de volver atrás en la lectura por los inconvenientes de una frase demasiado larga. Esto cobra mayor importancia en dos situaciones muy concretas:

- cuando se escribe para la home page, y
- cuando el texto va acompañado de imágenes, gráficos estáticos o gráficos interactivos que, más que explicaciones, requieren apenas unas frases que orienten y sitúen al lector en la acción que se muestra o en el recorrido infográfico.

Quizá una de las cuestiones que pueden suponer cierta confusión es la determinación de los tiempos verbales. Si en el periodismo convencional es recomendable el presente de indicativo y la forma activa porque el periódico o el informativo de radio o televisión pierden actualidad en cuanto se publican o en el momento en que se emiten, )en qué momento hay que situar la información en los medios digitales?

En las noticias -y sobre todo los reportajes, entrevistas, crónicas, informes...- que se publican en la red y permanecen durante un tiempo en el site a disposición de la audiencia, pierde sentido el “hoy ha sucedido ...”, porque muy pronto se hace necesario pasar al “sucedió”, hace más o menos tiempo y, en algunas ocasiones concretas, incluso al “sucederá”. Además de que una página web puede ser consultada desde cualquier punto del planeta y los horarios pueden no coincidir con el momento en el que se hace pública la noticia.

Todas estas circunstancias pueden hacer recomendable -aparte de la exactitud en la delimitación de las fechas en las que se han producido los hechos-, la utilización de enunciados sin núcleo verbal o frases asertivas dentro de la oración principal y como unidades independientes.

También la concordancia en número y persona entre el sujeto y el verbo y la utilización restringida o, en su caso, certera de las formas verbales impersonales son modos más de hacer asequible el contenido del texto. Y, en la medida de lo posible, hay que renunciar al condicional.

Por otra parte, es importante extremar la prudencia en el uso de los adverbios, sobre todo desde el punto de vista cuantitativo, porque ralentizan los tiempos de lectura. Y lo mismo puede decirse de las conjunciones, las preposiciones y las interjecciones cuando no se manejan con precisión y competencia.

2. El estilo ciberperiodístico

Pero no basta con saber emplear correctamente la sintaxis y las palabras, que no es poco. El estilo va más allá de los conocimientos gramaticales y entra en un terreno que hace decidirse al lector por un texto en lugar de otro, por la sencilla razón de que está mejor escrito, le explica con más precisión lo que quiere saber y es más atractivo.

Desde una perspectiva general, la actividad periodística ofrece tres niveles o planos diferentes (Núñez Ladevèze, 1991: 47-49). El nivel contextual comprende el conjunto de juicios o decisiones profesionales que tienen por objeto la identificación, comparación, relación, evaluación y selección de las noticias, y convierte al periodista en un intérprete de la actualidad informativa. El plano textual se refiere al modo de ordenar los datos en el texto y aquí el informador es, además de intérprete, productor de textos de información de actualidad.

Finalmente, el nivel estilístico abarca la delimitación de los rasgos característicos del estilo informativo, sus cualidades y defectos, y los límites de la capacidad expresiva de los informadores. En este tercer plano, el profesional de la información usa y selecciona las palabras adecuadas, prescinde de otras, adopta unos giros y expresiones concretas y prescinde de otros: es intérprete, productor, y redactor o escritor de textos, mediante un estilo que le sirve para comunicar de manera profesional la información.

El estilo es una manifestación conceptual amplia que abarca los diferentes modos expresivos personales y que en el periodismo adopta distintas modalidades, siempre con el fin de conseguir un estilo literario singular que trata de responder a las necesidades y a las expectativas de la audiencia. Y los medios digitales, como los escritos y audiovisuales, se elaboran para ser atractivos y accesibles al mayor número posible de personas o para satisfacer a un sector especializado y restringido de la audiencia que busca una información concreta por la que experimenta un singular interés.

El objetivo del estilo periodístico -que en muchas ocasiones se identifica con el lenguaje periodístico- es atraer al lector, lograr que se interese por los contenidos que se le muestran, retenerlo por la claridad, la corrección, la exactitud y, en tantas ocasiones, la capacidad de seducción en el modo de contar cada historia real y concreta que aportan la actualidad o el trabajo personal del periodista, y, con todas estas armas, conseguir que lea, escuche, vea, se interese y, si es posible, opine sobre lo que acaba de conocer (Edo, 2003: 46).

Una vez establecidas estas bases podemos observar que en los medios digitales se dan unas connotaciones particulares que llevan también, dentro de la corrección que ya se ha reclamado en este trabajo para los textos, a unas necesidades estilísticas específicas. Y para determinar las características del estilo ciberperiodístico es imprescindible tener en cuenta los niveles de lectura que presenta el ciberespacio informativo.

Porque aún cuando en la red todavía no se han consolidado géneros propios y más bien se están adaptando los géneros periodísticos con los que se trabaja en los medios tradicionales, hay algunas peculiaridades que influyen en el desarrollo de la actividad periodística. En primer lugar hay que referirse a que las posibilidades informativas del hipertexto para publicar la información de actualidad y, a la vez, aceptar que están todavía poco explotadas y que no han captado cómo se esperaba la atención del internauta. Y no ya del lector de papel que se informa en los medios on line de manera complementaria, sino de los nuevos lectores -mayoritariamente jóvenes- que prescinden de los medios convencionales para conocer la actualidad.

Pero si en algo ha ganado ya Internet a los medios tradicionales es en la consulta de las noticias de última hora o, con una terminología más adecuada a un medio que se actualiza sin interrupción, de las noticias del último momento. Y puesto que esta tendencia -por ahora, y quizá mientras llegan nuevos progresos tecnológicos- va aumentando, es imprescindible hacer hincapié en la importancia de escribir textos breves que no renuncien a la calidad.

Además, esa misma brevedad es conveniente también aplicarla a las informaciones que utilizan todos los formatos, y producir relatos multimedia de estructura simple que se puedan ver completos en poco tiempo. La capacidad de síntesis, tan necesaria para cualquier periodista, se convierte en una cualidad inestimable en el ciberperiodismo, que requiere narraciones escuetas pero completas y atractivas, sin que el diseño se convierta en un impedimento que llegue a retrasar la lectura.

2.1. El estilo informativo

El estilo informativo, que busca informar a los lectores, transmitir datos con ánimo objetivo, cumple en los medios digitales todas las condiciones que se han desarrollado al comienzo del capítulo. Pero otorgando especial relieve a la concisión, la claridad y la captación del lector o de la audiencia concreta a la que se pretende atraer.

Este primer nivel de la información es un periodismo de hechos contados de acuerdo con las pautas establecidas para el relato por el story anglosajón, para el que se recurre a unos géneros concretos que por el momento son, como en otras modalidades estilísticas, una adaptación de los que se utilizan en otros medios: la información, el reportaje objetivo y la entrevista de declaraciones hecha, con frecuencia, por correo electrónico. Además de tener en cuenta que conviene una expresión diferente para las hard news y las soft news.

Y como se ha comprobado que en los medios digitales cobran mayor importancia las primeras, las noticias de inmediata actualidad, habrá que elaborar unos textos adecuados a tal necesidad y conseguir que el género más austero -la información, la noticia- alcance unos niveles de calidad lingüística comparables a los de un texto de más envergadura porque, en la mayor parte de los casos, ese texto y los titulares son lo único que va a leer quien visita la página.

Así, si al elaborar el relato informativo convencional hay que redactar la entrada y el cuerpo de la información pensando que van a estar en la misma página, en la red cambia por completo el esquema clásico: el arranque de la información va a estar en la home y al cuerpo se llega a través de un enlace. Y hay que tener en cuenta que ese primer texto que inicialmente podría parecer una entrada no responde exactamente a ese modelo, aunque su tamaño pueda recordarlo, porque debe tener vida propia y dar una información satisfactoria -que, además, anime a acceder al enlace- en muy pocas líneas.

Por lo tanto conviene aquí hacer referencia a la utilidad de la fórmula clásica de las 5 W=s (who, what, where, why, when) y al llamado lead del sumario -sobre todo para las noticias que forman parte de la home page- y, además, a la pirámide invertida, que ha pasado de ser imprescindible durante décadas a considerarse innecesaria en los últimos años y que, como técnica, se rejuvenece ahora con los medios on line para seguir vigente aunque con características diferentes que se adaptan al nuevo espacio y a su exigencia de fragmentar la información. Pero sin que se pueda considerar más que un pauta de trabajo que puede quedar superada, entre otras cosas, por las informaciones instantáneas que exigen otros baremos informativos más ágiles.

De todas formas, siguen siendo útiles en la pantalla las recomendaciones para la entrada que son de uso común en el papel: ir directamente al asunto, emplear verbos en voz activa, utilizar un lenguaje claro y fácil de entender, evitar las interrogaciones y las negaciones...

En cuanto al cuerpo de la información, existe una ventaja evidente sobre el papel: cuando alguien accede a él es, en general, porque ha decidido leerlo. Y nos encontramos con que el esquema de la pirámide invertida se divide únicamente en dos zonas: el texto de la home y la información completa a la que se accede a través del enlace, que puede elaborarse o no con los datos ordenados de mayor a menor importancia según convenga en cada caso.

Finalmente, al escribir el conviene tener en cuenta una serie de normas como procurar hacer frases cortas, utilizar habitualmente un vocabulario sencillo pero correcto y con los términos adecuados, recurrir a verbos en forma activa o no repetir tópicos desgastados.

Pero otra cuestión más interesante para el estilo que las técnicas de trabajo es la delimitación de los diferentes modos de escritura que, utilizados en el contexto preciso, facilitan la redacción adecuada de los textos correspondientes a cada uno de los géneros. Así, el estilo informativo que conviene a los géneros informativos se apoya en la narración y en la descripción de los hechos y depende de la perfección conseguida al encadenar las frases con precisión y sin circunloquios. Y los condicionamientos de la pantalla aconsejan en la información cierta cautela para acudir a otros modos de expresión más complejos que pueden dificultar la comprensión rápida del contenido del mensaje.

Ante las perspectivas cibernéticas es conveniente saber hacer compatibles la amplitud para acoger las novedades y la profesionalidad, que va a mantener lo que es esencial. Y al narrar y describir hay que conseguir, antes que ninguna otra cosa, la brevedad correcta, el contrapunto adecuado entre texto, imagen y sonido, si se incluyen, y la claridad expositiva que se completa con una tipología específica para los titulares, en especial los de la home page, que se apuntará en un epígrafe posterior.

2.2. El estilo interpretativo y dialógico

El estilo es hijo del saber, de la experiencia, del buen juicio, del gusto y de la habilidad disciplinada. Todo ello unido al pensamiento; mediante el pensamiento y no mediante fórmulas se logra la profundidad. Es algo que no se aprende en seis meses o en seis años, pues es algo que ya estamos desarrollando y que seguirá en desarrollo hasta el momento en que nos retiremos de la profesión, siempre y cuando escribamos con la mente, no con fórmulas (Copple, 1970: 95). Estas apreciaciones sobre el estilo son especialmente válidas para la interpretación, que ahora forma parte de la práctica diaria del periodismo pero es un concepto que no se acuña hasta la segunda mitad del siglo XX. Si en la década de los cuarenta ya se hablaba en Estados Unidos del Interpretative Reporting, en Europa Ferdinand Terrou y otros especialistas hablaban en 1958 del periodismo de explicación y, al mismo tiempo, en la Universidad de Syracusa, también en EEUU, se hablaba del reportaje en profundidad o depth-reporting.

En cualquier caso, e independientemente del nombre que se le quiera dar, se trata de un modelo informativo nuevo, de otro modo de tratar la noticia esencial en el periodismo moderno porque la interpretación proporciona relieve a los hechos, los sitúa en su contexto y, por encima de todo, revela su significado a partir de una mayor profundidad en el análisis de las noticias.

Este modo de ofrecer al lector los hechos completos con sus antecedentes y sus posibles consecuencias alcanza sus mejores momentos a partir de la pasada década de los 70. Y hoy sigue teniendo reconocimiento social y periodístico por su capacidad para defender a los ciudadanos de los intentos manipuladores de los distintos grupos de presión o de personas concretas.

Pero en los últimos años del siglo XX y estos primeros del siglo XXI, puede hablarse de una nueva etapa. Y no sólo por la revolución informativa que suponen las redes de comunicación como Internet. La frecuencia con que se mezclan la información y, sobre todo, la interpretación con la opinión, mediante una utilización sesgada del periodismo interpretativo que puede convertirse en un auténtico fraude a los lectores, habla ahora de un periodismo de intereses -económicos, políticos, ideológicos y, en definitiva, de poder- que reclama la adhesión de las audiencias a cualquier precio olvidando aspectos esenciales de la ética periodística (Edo, 2003: 53). Aunque, a la vez, hay que destacar la importancia adquirida por nuevas tendencias como el periodismo cívico, el periodismo de servicio, del bienestar social o de la calidad de vida.

Los géneros que sirven para desarrollar esta información de segundo nivel son la crónica y el reportaje interpretativo y la entrevista de personalidad o entrevista de perfil. Todos son textos cuya dificultad al tratar de clasificarlos está en que no se pueden definir estrictamente ni como relato, ni como comentario porque se sitúan en la frontera entre la información y la solicitación de opinión. Pero aún así, deben moverse en el ámbito del estilo informativo, y puede ser un fraude, de cara al lector, emitir opiniones en el transcurso de la interpretación, sin dejar patente que se está editorializando.

Ahora parece evidente que el estilo rigurosamente informativo se ha visto superado por el interpretativo que, cuando está realizado con rigor y profesionalidad, proporciona una visión más completa de los hechos que componen la actualidad. Pero también es cierto que no se opone a él: debe ser una información de segundo nivel, más profunda, más elaborada y con más datos.

Y quizá ahora sea más necesaria que nunca la interpretación, ya que la audiencia recibe un exceso de información, difícilmente asimilable, que reclama un análisis más reposado y completo del que ofrece la instantaneidad de la noticia en los medios audiovisuales y, sobre todo, en Internet.

Pues bien, aunque una de las tendencias más generalizadas apunta a que la interpretación y el análisis -e, incluso, la opinión-, encontrarán su único refugio en los diarios editados en papel o en un soporte de características semejantes, el modo adecuado de ofrecer este tipo de informaciones en la red exige utilizar las posibilidades del reportaje, la crónica y la entrevista hipertextuales.

Si al hablar del estilo en la información de primer nivel nos referíamos a la narración y a la descripción de los hechos como modalidad casi exclusiva, aquí hay que referirse a la exposición de hechos y a los razonamientos a los que dan lugar el conocimiento de los antecedentes y del contexto de la noticia, los documentos que la explican, las valoraciones de los expertos, las imágenes que la muestran o los gráficos que la desmenuzan.

Como esquema clásico del relato interpretativo podemos proponer tres pasos: el punto de vista inicial desarrollado en la entrada, la exposición lógica de los datos y una conclusión o previsión de futuro que completa el planteamiento del arranque. Este esbozo podría servir, en principio, para la publicación en la red, pero con diferentes matizaciones que vamos a ver.

El problema se plantea al proyectar la fragmentación del texto y las imágenes para hacerlos accesibles mediante los enlaces adecuados. Y la propuesta más sencilla, de acuerdo con las posibilidades tecnológicas de que disponen los medios en estos momentos, puede incluir, además del texto, los titulares y la foto de la home, algunos de los siguientes enlaces:

1) el texto principal, que refleja la noticia o el acontecimiento que sirve de base al reportaje y al que se accede, generalmente, a través del titulo convertido en enlace,
2) los antecedentes, textuales, gráficos o sonoros,
3) el contexto actual,
4) las reacciones y opiniones de diferentes expertos y de los lectores,
5) análisis, valoración, propuesta de futuro,
6) siempre que la noticia o el asunto que se trate los permita, galería de fotos y/o un gráfico o gráficos sucesivos,
7) vídeo con sonido de ambiente, si la información lo admite,
8) enlaces externos relacionados con el tema, y
9) foros, opiniones de los lectores.

Pero esta solución, que presentada de una u otra manera, es la que se refleja hoy, no es todavía la que podemos esperar para el ciberespacio. Los medios, hasta ahora han experimentado desde distintas perspectivas esa fragmentación para el reportaje, pero con unas pautas cercanas a los esquemas que ha impuesto el papel. Hay que cambiarlos. Además, las cifras de acceso y los recuentos de páginas dicen que sólo los gráficos interactivos -la infografía es una de las mejores armas de Internet y un elemento clave en el nuevo lenguaje de los medios digitales- consiguen una respuesta cualitativamente importante de los lectores de prensa que, en la red, buscan leer poco y tienen prisa.

Y esto también se aplica a las crónicas que, tal como las entendemos en estos momentos desde la perspectiva del lenguaje y del contenido -narración de sucesos y exposición de datos con valoraciones personales del periodista, que no inciden en cuestiones de temáticas y de fondo sino en detalles del ambiente o de las personas-, quedan más restringidas en los medios on line ante la claridad que aporta el esquema del reportaje.

En cuanto a las entrevistas, si se han realizado por correo electrónico no es fácil que alcancen la profundidad y la calidad de las que se hacen personalmente si hablamos de entrevistas de personalidad o de perfil que se apoyan en el diálogo, porque es precisamente a través de ese diálogo y de la observación cómo se accede al personaje.

Pero lo que sí se puede ajustar y preparar con calidad es el lenguaje del texto definitivo que se va a incluir en el site correspondiente. Además, las que se hacen de forma plural o con la participación de los lectores-internautas requieren la intervención del periodista para adaptar los textos de unos y otros a las condiciones de la red y para actuar como filtro que profesionaliza la presentación de las preguntas y las respuestas.

Otra posibilidad que ya han intentado algunos medios es ofrecer entrevistas en vídeo, generalmente completas. Pero la realidad es que, en estos momentos, la baja calidad de la reproducción no sirve de acicate para acceder así a la información, aunque la evolución tecnológica puede convertir en breve estas reproducciones -convenientemente tratadas y con un montaje adecuado a la imagen- en una modalidad más atractiva que las actuales.

Con todo, se están probando modelos nuevos que son interesantes y pueden tener futuro. Entre otros se puede hablar de los que plantean las profesoras estadounidenses Paul y Fiebich o de las innovaciones que ofrece el argentino Clarín, así como de los intentos de los grandes diarios españoles -El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia...- por integrar texto, sonido e imágenes mediante un diseño estimulante y la presentación de gráficos interactivos de calidad, sobre todo desde los últimos meses de 2001, aunque son experiencias que todavía no se han consolidado.

2.3. El estilo argumentativo

El estilo de solicitación de opinión o editorializante pretende orientar el juicio del receptor con cierto grado de intencionalidad en el mensaje que ofrece el medio al mostrar la actualidad. Y en el esquema clásico del periodismo anglosajón responden al concepto de comment y expresan opiniones mediante un modo de escritura particular que es la argumentación.

Dentro de estas coordenadas hay dos géneros con personalidad propia: el editorial y el artículo o comentario, que en España se llama columna. Hay otra modalidad, que no tiene su origen en el periodismo, pero que está estrechamente vinculada con los cometidos típicos de la información de actualidad: la crítica.

También se puede hablar de un conjunto de textos que comparecen en los medios de comunicación de una manera que podemos considerar ocasional, que cumplen una función que es más bien de entretenimiento o evasión que de emisión o solicitación de opiniones y que son la tribuna libre, los artículos de humor, los artículos costumbristas, los ensayos doctrinales, los artículos de divulgación histórica...

Tienen estos últimos en común que no trabajan directamente con hechos, no se unen a la tarea informativa de transmitir datos o de opinar sobre ellos sino que tienden a dedicarse a las ideas y deducen consecuencias ideológicas, culturales o filosóficas. Por este motivo y, sobre todo, porque en los medios digitales no han llegado a encontrar un lugar consolidado, no vamos a tenerlos en cuenta en este trabajo.

En cualquier caso, tanto el editorial como el comentario, la crítica, la tribuna libre y los artículos se engloban en el comment anglosajón. Pero el editorial, el suelto y el comentario, que son rigurosamente periodísticos, suelen estar escritos por periodistas profesionales mientras que los demás los hacen también personas sin una dedicación plena a las funciones periodísticas.

Sin embargo, por lo que se refiere a las columnas podemos distinguir dos tipos diferentes que se encuentran perfectamente diferenciadas en los medios de comunicación y, de manera más precisa, en la prensa: las de opinión y las de análisis.

Las primeras son abiertamente opinativas y suelen estar situadas en el espacio que se dedica de manera exclusiva a la opinión. Y las segundas se mueven en el terreno de la interpretación periodística por lo que la columna de análisis tiene -o, mejor, debería tener, porque no siempre ocurre así- carácter informativo, a la vez que se incluyen en el ámbito físico de la información, y en la sección correspondiente al tema concreto que tratan.

Las diferencias que existen entre unas y otras y la manera más adecuada de realizar este tipo de textos se pueden resumir diciendo que la columna de análisis (New Analysis) se expresa mediante la utilización de razonamientos con base objetiva, se mueve en el terreno de la interpretación y el análisis y habría que incluirla en el apartado anterior, y que la columna de opinión (comment) argumenta con ideas subjetivas con el fin de persuadir y entra dentro del campo de la opinión.

Una vez determinados los géneros de opinión, ¿cual es la experiencia que se ha obtenido en los medios digitales respecto a estos textos? Se puede comprobar que hasta ahora no han llegado a los internautas con la misma fuerza que los textos informativos: son todavía poco digitales. Y no sólo en el caso de los editoriales, que se reproducen en la red tal como se publican en el papel. Tampoco los columnistas han encontrado un lenguaje que tire de los lectores y les anime a formar sus opiniones en la red.

Los creadores de opinión de los medios audiovisuales manifiestan su ingenio desde distintos matices relacionados con la imagen, la voz, el talento, la rápida agudeza o el glamour personal, pero la única arma de los columnistas en la prensa escrita es el texto.

Palabra a palabra, línea a línea, nos atraen o nos disgustan, nos convencen o nos ponen en guardia, nos divierten o nos irritan. La perfección, la belleza, la ironía o la claridad en el encadenamiento de las frases es el único camino para entender su mensaje, y cuando sus firmas se publican on line juegan con desventaja porque leer en la pantalla resulta bastante más incomodo que hacerlo sobre el papel.

En estos primeros años del periodismo digital los lectores buscan, como ya se ha dicho, información rápida, opinar y participar en debates, tertulias y chats y sacar el mayor partido posible a los servicios que cada diario, portal, revista o página web les ofrece para facilitarles la vida. Y parece que los mismos periodistas y escritores que en la prensa tradicional tienen lectores fijos y abundantes pierden gran parte de su atractivo en la red. En un recorrido por los periódicos españoles de mayor difusión puede comprobarse esta realidad y se pueden observar, también, algunas tendencias.

Las grandes cabeceras que se editan también en papel con tiradas altas y que disfrutan on line del prestigio de su marca, tienen cifras elevadas de visitas en la red que se centran en la home page, con toda su oferta de información, servicios y entretenimiento y en la información de actualidad del último momento, que es específica de los medios digitales. Y no ofrecen novedades, ni en el fondo ni en la forma, en lo que se refiere a los textos de opinión. Están redactados como los del periódico en papel porque son los mismos, aunque algunos de los columnistas van incluyendo su correo electrónico para facilitar la interactividad con los lectores.

Pero los medios exclusivamente digitales, sin punto de referencia en papel, siguen prácticas distintas que quieren dar más peso a la opinión. Y aportan alguna leve innovación en el modo de presentar los textos -como fotos o distintos tipos de letra- o publican textos breves de lectura rápida que van firmados como una columna pero que tienen una longitud más cercana a la de los sueltos. A pesar de todo, no se puede hablar de prácticas redaccionales distintas sino de presentaciones diferentes.

Una de las peculiaridades de Internet, desde el punto de vista de la opinión está en los foros -considerados ya como género (Armentia, 2000: 184)- y en las opiniones de los lectores, aunque todavía no han marcado un estilo propio que se pueda considerar estable y reconocible. Pero siempre que exista una mediación del periodista que profesionalice el resultado que va a aparecer en la pantalla.

Se pueden establecer algunas pautas comunes para unos y otros y es posible hacer alguna previsión de futuro:

- los editoriales y las columnas de opinión no se publican teniendo en cuenta la tecnología disponible en la red, ni alcanzan la importancia que tienen en la prensa diaria convencional,
- no existe un criterio específico ni en cuanto a los temas -hasta ahora todos se han limitado a reproducir los textos de la edición en papel o a publicar otros semejantes en los diarios exclusivamente digitales-, ni en cuanto al diseño adecuado,
- en casi todos los medios se comprueba que estos artículos no son los más valorados en cuanto a número de visitas,
- como no se aprovechan las posibilidades gráficas ni las que ofrece el uso del hipertexto y leer en la pantalla es incómodo, estos textos están en clara desventaja frente a los convencionales,
- es una facilidad adicional, exclusiva de Internet, el acceso a los artículos atrasados,
- el interés de los lectores aumenta cuando pueden opinar, sobre todo si lo hacen en tiempo real,
-en éste, como en otros aspectos del periodismo on line, se están dando los primeros pasos y queda mucho camino por recorrer hasta llegar al completo aprovechamiento de la interactividad y a la relación directa e instantánea de los usuarios de Internet con el periodismo y los periodistas a través de textos, sonido e imágenes en movimiento, cuando la tecnología lo permita.

3. El relato informativo en la Red

En una sociedad como la actual, en la que cada vez tiene más peso la documentación, una de las novedades más útiles que aportó desde el principio la red es, sin duda, la posibilidad de utilizar el hipertexto,-explicado y analizado con detalle en otro de los capítulos de este libro- que no es secuencial, no responde a las claves tradicionales de la lectura, sino que se apoya en la capacidad de la mente humana para relacionar ideas, hechos y datos diferentes.

Así, a través de links o enlaces incluídos en el texto principal, se facilita el acceso a archivos conectados entre sí que se almacenan por separado sin sufrir las consecuencias de la falta de espacio o de tiempo de emisión que se producen en los medios de comunicación tradicionales.

Tanto al leer el periódico como al escuchar la radio o ver la televisión, disponemos exactamente de la información de un medio concreto en un momento concreto. Y para recuperar la actualidad de unos días, meses o años anteriores hay que acudir a hemerotecas y archivos para buscar la noticia. Pero gracias a las posibilidades de almacenamiento y recuperación de la información que ofrece la red, se pueden manejar a la vez los diferentes elementos de una información.

La clave está en dividir con criterios periodísticos todo el conjunto noticioso y documental en elementos más pequeños y manejables con los que se pueda facilitar la navegación, la rapidez de acceso -uno de los graves problemas de Internet es todavía la lentitud- y la visualización del texto y las imágenes que integran la consulta.

Son las técnicas del hipertexto que, aplicadas al multimedia, hacen compatibles el texto, las imágenes fijas o en movimiento y los gráficos. Y permiten sincronizar en el tiempo y en el espacio informaciones inicialmente desconectadas entres sí que, por la fuerza de la actualidad o por el interés concreto del internauta, se relacionan en ese momento.

En este marco es el propio lector el que elige cómo quiere enterarse del contenido que le ofrecen los medios, el que decide la trayectoria y el orden que quiere seguir en un mensaje, o un conjunto de mensajes, separados en niveles -páginas web individuales- por donde se puede navegar.

En un primer nivel se ofrece una síntesis completa del material disponible acerca de esa noticia, generalmente en la home page, y en los niveles siguientes se hace posible, para quien lo pretenda, la posibilidad de profundizar en los temas planteados desde aspectos muy distintos trayendo a la pantalla diferentes documentos escritos o audiovisuales.

Para conseguirlo con éxito, hay que fraccionar la narración, para volver a unirla desde varias entradas diferentes que permitan las visitas desde todas las perspectivas posibles: el inicio, el desenlace, las imágenes, las voces o el sonido ambiental, los datos numéricos, la reconstrucción gráfica de los hechos, las opiniones... Algunos autores recomiendan recurrir al modelo del storyboard cinematográfico y otros hablan, con un planteamiento exclusivamente on line, del storytelling.

En cualquier caso hay que añadir que aquí el diseño es menos importante que en la prensa que estamos acostumbrados a leer. Su influencia, según las experiencias más recientes y las propuestas de los diseñadores, se reduce frente al aspecto funcional, que gana en consideración sobre lo estético y pasa a primer plano ante la necesidad de encontrar buenos índices que permitan localizar con rapidez la información. Más que ninguna otra cosa, la accesibilidad es la condición que facilita la lectura completa.

3.1. Estructura textual en la pantalla

La experiencia de los últimos años muestra que, en general, los medios on line aciertan en el planteamiento del primer nivel, aunque quizá recargando en exceso la home page para exponer la oferta, más o menos completa, de información y servicios que brinda el medio a los lectores.

Así, esa primera página -que todavía recuerda a la de los periódicos y reúne todas las noticias más importantes junto a los servicios y una larga serie de enlaces que recorren el mapa del site y permiten, además, visitar otras otros relacionados-, muestra un conjunto de textos breves que reúnen las características del lenguaje informativo y que sintetizan los hechos que se completan en niveles sucesivos.

Sin embargo, una de las mayores dificultades informativas de la portada es la falta de elementos para determinar la importancia de las noticias. Lo que en un periódico puede ser resaltado con un gran titular, una gran foto o la extensión del artículo en varias columnas, y en la radio y la televisión enfatizado con la voz, el orden de los titulares o la espectacularidad, en Internet sólo se puede primar por el número e importancia de los enlaces o por el lugar que ocupa: las fotos que se publican en la home son pequeñas y el ancho de los textos es igual para todos.

Y el lugar que ocupa sólo tiene una relevancia parcial porque la primera noticia suele ser la más actual y, al no poder visualizar la página completa, no se pueden comparar los elementos que contiene si no se recorre la página hacia abajo. Además, la calidad de los enlaces no se conoce hasta que se entra en ellos, con la correspondiente decepción si sus contenidos no responden a las expectativas que prometían.

Se ha intentado en ocasiones un sistema que consiste en calcular el tiempo de lectura y dar el número de minutos aproximado para indicar la longitud del texto, pero no puede considerarse una solución lo suficientemente eficaz. También se podrían añadir un antetítulo o un subtítulo, aunque la red exige síntesis y eficacia evidente en los titulares; o se pueden preceder los enlaces por iconos que desvelen si vamos a encontrar texto, documentos, fotos, gráficos o vídeos y, en casos concretos, se puede aumentar el cuerpo de las cabeceras. Pero ninguna de estas posibilidades ha llegado a conseguir, por ahora, el impacto y la eficacia de las noticias de portada de los papers tradicionales.

3.2. La redacción y los titulares

En cualquier caso, la estructura titulares-entrada-enlaces es la que en estos momentos se ajusta mejor a la publicación de la portada en la red, y el cuerpo de la información principal y todos los complementos textuales, visuales y sonoros que se puedan ofrecer se presentan en los links, que pueden estar relacionados entre sí o ser independientes en función de las exigencias noticiosas. Sin olvidar que los textos on line deben ser breves prácticamente siempre, y conviene ceñirse al espacio de una pantalla -y, en ningún caso pasar de tres- para no tener que recorrerlos hacia abajo.

Si se quiere dar más información, cualquiera que sea el formato, hay que dividir en más enlaces el contenido del reportaje, que es el género que mejor se adapta a las condiciones de la red, con el criterio claro de que no se trata de almacenar información sino de ofrecer lo más interesante a los lectores que, en general, no quieren perder tiempo navegando sin rumbo.

Para redactar un texto ciberperiodístico los baremos son prácticamente los mismos que se han explicado para el lenguaje informativo en los primeros epígrafes de este capítulo. De los seis que se nombran, hay cuatro que se mantienen prácticamente invariables: corrección, concisión, claridad y captar la atención del lector. Y se añaden matices distintos en lo que se refiere la utilización de un lenguaje mixto, que como se ha explicado en los medios digitales se convierte en múltiple, y en cuanto al lenguaje de producción colectiva, que en la red es más evidente porque se publica una gran cantidad de textos más o menos consensuados pero sin firmar.

Este anonimato es en buena parte consecuencia de la actualización constante de las noticias, que lleva consigo la urgencia de sustituirlas o variarlas continuamente en la redacción. Pero también es una dificultad añadida porque la ausencia de un autor que se responsabilice personalmente del contenido supone, en muchas ocasiones, una rebaja en la calidad formal del trabajo y un posible abuso del sistema de Acortar y pegar@ que tanto devalúa los textos digitales.

Por lo que se refiere a los niveles en los que se puede distribuir el conjunto de la información, hay autores que han planteado estructuras teóricas en capas ordenadas que presentan aspectos interesantes. Pero no parece acertado pensar en un esquema rígido porque los lectores van a buscar de forma personalizada lo que les interesa de cada cuestión y un guión único y fijo no es lo propio para este soporte.

Es necesario descubrir para cada acontecimiento una presentación realista y rigurosa en los contenidos pero imaginativa en la propuesta, que permita leer-ver-escuchar-participar de forma completa o parcial sin que se pierda el sentido del relato y que permita volver al principio, al nivel anterior o al siguiente sin ningún tipo de dificultades.

Una vez decidido el esquema adecuado, que incluye todos los soportes, hay tres tipos de textos básicos además de los que se han nombrado para la home: los que se presentan de forma individual mediante un enlace exclusivo -que, en la medida de lo posible, deben ir firmados-, los textos que acompañan gráficos o fotos que requieren o admiten una explicación, y los pies de foto convencionales.

Aún cuando la pantalla admite gran cantidad de texto, hay distintas opiniones respecto a la norma elemental para calcular la extensión de los cibertextos y mientras unos hablan del 50 por cien, otros consideran que la extensión adecuada es el 25 por cien de lo que se escribiría para el papel.

Eso requiere en el periodista dos aptitudes fundamentales: 1) una capacidad de síntesis demostrada -es frecuente recurrir a la condensación, que supone menos esfuerzo- y un conocimiento del tema que facilite la selección de las cuestiones esenciales sobre las secundarias, y 2) un dominio del lenguaje que, prescindiendo con eficacia de los adjetivos irrelevantes, acierte con las palabras justas sin desvirtuar el contenido.

Al contar las noticias es mucho más fácil escribir un texto largo que uno breve y certero, pero uno de los condicionamientos de la red, como ya se ha apuntado con cierta insistencia en este capítulo, es la brevedad. Sin olvidar que todo aquello que se apunta y no se puede explicar con detalle debe ser accesible mediante los enlaces.

Por lo que se refiere a los titulares, la primera indicación es que lo que hasta ahora ha sido la clave de su eficacia -tiempo presente y verbo en forma activa- no es tan importante on line por una circunstancia que ya hemos hecho notar: hay que tener en cuenta que las informaciones pueden estar disponibles en la red durante cierto tiempo y, además, las van a leer personas que están en zonas diferentes del planeta y con horarios distintos.

En cualquier caso, los titulares muestran el presente o el pasado más inmediato y tratan de convencernos de que ha sucedido algo importante, interesante o, de alguna manera, atractivo. Y, como destaca Llorenç Gomis, el titular llega a cobrar vida propia y a resultar inteligible por sí mismo de modo que el lector, apenas lo lee, puede contar el hecho e incorporarlo a su conversación. Se puede decir que establece un perfil claro y nítido para la noticia y, a la vez, permite que se haga de él un uso general.

El proceso es el mismo en cualquier medio: 1) ocurre un hecho real, 2) el titular lo sintetiza y lo comunica, 3) la información lo explica y 4) el lector lo asimila, lo comenta y lo difunde. Y si está bien construido sacude la actualidad y hace que la gente hable de ese hecho incluso antes de haber podido leer la información completa.

En cualquier caso, también conviene en la red que el titular sea informativo, breve y afirmativo y que responda al esquema de una oración simple: sujeto-verbo-complemento. Puede constar de antetítulo, título y subtítulo, pero con frecuencia este último elemento es más bien un sumario que añade información sobre lo que puede dar de sí la noticia. Y si partimos del esquema de Emilio Alarcos, sería deseable que fuera concentrado mejor que amplio, explícito mejor que implícito, objetivo mejor que comprometido y, puesto que hablamos de una oración simple, unimembre mejor que bimembre.

3.3. Los enlaces

El documento es la base de todo este desarrollo argumental, el vínculo que une contenido y estructura. Y el fundamento que relaciona unos documentos con otros, el eje de los modelos hipermedia, es el enlace o, mejor, el conjunto de los enlaces. Todos deben estar integrados en una secuencia lógica y accesible, jerarquizada o basada en una asociación concreta de ideas, que invite a completar el recorrido previamente estructurado por el periodista con todas las facetas que se conocen hasta ese momento del acontecimiento relatado, y con referencias visibles al índice general y a todo el recorrido del reportaje para poder elegir el aspecto en el que se desea profundizar.

En este entorno, la navegación marca el desarrollo narrativo a través de links perfectamente visibles en la página y se convierte en la característica fundamental de este soporte. Gracias a esos enlaces se puede pasar de un nodo a otro -todos ellos en forma de ventanas-, activándolos de una manera que resulte fácil al internauta y que permita, en cualquier momento, volver al índice o a la home page.

Si lo primero que ve el lector en la página principal del actual diario on line es un conjunto de textos breves que recogen las noticias más importantes y cumplen al pie de la letra las características que hemos visto para el periodismo escrito, sólo por medio de ese conjunto de enlaces claramente señalados y visibles puede entrar desde cada una de esas noticias a otros documentos más largos que amplían la información a la medida de sus requerimientos.

Lo único que tiene que hacer es seguir la pauta marcada por ese texto inicial, cuyo titular es a su vez un enlace que dirige al texto principal, e ir señalando con el cursor las diferentes posibilidades que se le ofrecen 1) en forma de frases breves subrayadas, 2) mediante una relación de enlaces incluida al final del texto, o 3) con pequeñas imágenes, iconos, que sustituyen o acompañan a las palabras y se entienden con facilidad. Quizá se puede señalar que la segunda modalidad -situar los enlaces al final del texto- es la que menos interrumpe la lectura y, por lo tanto, la más recomendable pero también en ocasiones son útiles las otras dos.

Y aunque para todos resulta ya familiar el lenguaje icónico de la pantalla del ordenador -una cámara fotográfica en el texto indica que se puede acceder a fotos de esa noticia, una lupa facilita el uso del zoom, una carpeta abierta nos habla de la apertura de documentos, unas cuantas hojas juntas nos recuerdan que podemos copiarlos y guardarlos, un teléfono indica el acceso a la línea telefónica, un altavoz permite graduar el volumen, una casa pequeña nos lleva a la home, un monitor permite cambiar las propiedades de la pantalla, un timón de barco representa la entrada a uno de los navegadores de Internet, un bote de pintura nos recuerda que podemos modificar el color, y tantas otras cosas más que representan acciones concretas sin utilizar palabras sino mediante un icono cuyo significado es universal y compatible con todos los idiomas-, es conveniente que los enlaces sean textuales y que si se incluye un elemento iconográfico sea complementario y esclarecedor.

Y así, se pueden ir recorriendo todos los aspectos de un tema de actualidad desde el acontecimiento que acaba de producirse hasta el conjunto de antecedentes, personajes, imágenes, documentos oficiales, opiniones de los protagonistas, de los expertos en el tema o los lectores, y obtener la mayor cantidad posible de información mediante enlaces internos o externos, textuales o multimedia, que sean de ida y vuelta -hay que insistir en esto- sin tener que abandonar la pantalla del ordenador y, ya en muchos casos, del teléfono móvil, de un dispositivo del tipo PDA, de un mini-ordenador o de la televisión.

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