domingo, 21 de febrero de 2016

EXPERIENCIA DE FORMACIÓN MISIONERA



EXPERIENCIA DE FORMACIÓN MISIONERA


Por. Monica Duarte Vence

      Al concluir un plan de formación siempre queda una experiencia en quienes han recorrido la aventura de ahondar y escudriñar en el saber del conocimiento, de la historia, de la espiritualidad, de la religiosidad, de la cultura, sobre determinados temas, sobre todo si los encargados en facilitarlos lo hacen de manera clara, precisa, directa, sin dejar ningún tipo de laguna sino por el contrario la inquietud de que se quiera aprender más, logrando que el aprendizaje sea significativo, a través de las técnicas y dinámicas utilizadas en cada clase o encuentro.





      En esta segunda corte del Diplomado de Misionologia que se inició en el mes de febrero del año 2014, yo Monica Patricia, Duarte Vence, recibí la invitación de Dios por parte de mi amigo y hermano Eduardo Rodríguez con quien comparto un caminar en mi obrar misionero dentro de la Arquidiócesis de Maracaibo, para ese momento tan agitado que vivía el país, con las persecuciones políticas, las protestas, cacerolazos y las guarimbas, nos congregamos en la casa de Apoyo al Maestro AVEC en la Pastora, un grupo numeroso proveniente de diversas zonas pastorales del País, con el cual fue grato compartir vivencias, experiencias, realidades y trabajos que realizan en sus parroquias, enriqueciendo la convivencia fraterna al expresar y participar desde la cultura, profesión, estados y opciones de vida, edades, caracteres, demostrando cada uno sus liderazgos, habilidades y destrezas que el señor reunió y unió para conformar este grupo tan selecto y guiarnos, en la formación personal, grupal y espiritual para luego enviarnos al concluir la parte teórica a vivir una experiencia misionera, hacia un lugar de misión, y así poder llevar el mensaje de la Buena Nueva en la extensión de su reino al poner en práctica lo visto en cada uno de los módulos que conforman el diplomado.

       Desde el inicio fuimos un grupo numeroso que en la medida que avanzábamos se fue reduciendo por los compromisos que algunos de los integrantes tuvo que asumir en sus mismas diócesis y arquidiócesis como a Peggy Vivas, la Hna. Flor, la Hna. Petra, el Padre Pedro Ruiz, Miroslaba, o por no haber podido renovar la visa para continuar en el país como fue el caso de la Hna. Suely, que regresó a Brasil junto con su comunidad.





       La hermana Inés de Lima fue quien nos guio, con paciencia, dedicación, total entrega, oración y trasnochos, fue quien se encargó de buscar el sitio de alojamiento para que cursáramos los respectivos módulos, pensó en la economía de cada uno, ya que nos tocaba viajar desde nuestras regiones y ciudades de origen hasta Caracas. El segundo y tercer módulo lo realizamos en la casa de Retiro Madre Emilia, en Montalbán, el cuarto modulo fue en la Conferencia Episcopal de Venezuela donde tuvimos la oportunidad de compartir con los integrantes del primer grupo del Diplomado con quienes aprendimos y vivimos momentos fraternos y de profunda oración. El quinto y sexto módulo nos congrego en las instalaciones del Centro Pastoral San Vicente de Paúl, ubicado en el sector de Prado de María en Caracas, allí tuvimos la oportunidad de compartir con los integrantes de la tercera corte o grupo del Diplomado dándole la bienvenida, apoyo y ánimo para continuar hasta el final.



       Este diplomado camino de la mano de excelentes facilitadores, realmente cada uno nos inquietó de tal manera que las clases se tornaban muy dinámicas y participativas que sentíamos que el tiempo se pasaba muy rápido, entre las intervenciones, trabajos en grupo, animaciones, exposiciones, representaciones, plenarias y autoevaluaciones, nosotros contamos con especialistas de la talla del Lcdo. José Luis Andrade, Pbro. Eduardo Campagnuolo, Pbro. Oswaldo Montilla, Pbro. Francisco Javier, Wilfer Ramírez, Horacio Biord Castillo, Pbro. Oscar Martínez, Hna Elba, Profesor Enrique Alí, Pbro. Francisco Morales, Pbro. Kocal, Hna. Inés De Lima, Profesor Enzo, profesor Eduardo Machuca, Licdo. José Muñoz, Licdo. Antonio Arocha, Animador Jhoan Padilla, Pbro Andrea Bignotti, Profesora María García de Flemy, Psicólogo Emiro Apalmo, T.S.U. Danny Robles, Pbro. Ender Zapata, Pbro. José Rafael Romero.




     La hermana Inés nos dijo al iniciar el diplomado que el emprender un camino, es vislumbrar un nuevo horizonte y una meta de llegada y hoy ya a punto de concluir sentimos que la mirada está puesta hacia ese horizonte tan amplio de la misión, que cada materia nos invitó a asumir un compromiso y es el de seguir anunciando el reino de Dios con la vida, llevando el mensaje con mayor intensidad y alegría. Todos fuimos llamados, formados, y por tanto se nos dio una misión, en la que entendimos y aprendimos que el único protagonista es el Espíritu Santo, que es quien nos ayuda a ser desprendidos, a saber escuchar, observar, cooperar y ser solidarios con los demás para asumir una espiritualidad que nos permite el encuentro con Cristo al entrar en la cultura del otro respetando su integridad y dignidad humana.




     El asumir la experiencia misionera nos llevó hasta la Gran Sabana, específicamente a San Rafael de Kamoiran, San Juan de Kamoiran y Kavanayen, fuimos 16 integrantes del grupo, guiados por el Profesor José Muñoz, acompañados por quienes serían los encargados del transporte y quienes se sumaron desde el primer momento al grupo viviendo su propia experiencia de fe y misión, en total éramos un grupo de veintiún misioneros los que llegamos a tan hermosas tierras, en las cuales, cada tema visto fue palpado y puesto en práctica durante cada uno de esos días del mes de Agosto con los seres más nobles y sencillos que abrieron sus brazos para recibirnos con un….. “Wakupe kru, Auyesakon man, Dios Munkoton, Sero pata pona”. Bienvenidos.



      Observando un panorama actual de la misión en su compartir y vivir como familia con una riqueza inmensa en la historia de su evangelización con la presencia e identidad propia de los franciscanos, con los fundamentos bíblicos de la misión, “ Dios invisible, movido de amor habla con los hombres como amigo, trata con ellos para invitarlos a recibirlos en su compañía”, tal cual nos lo indico el padre Francisco Javier en su clase, resaltando el encargo de Jesús a sus Discípulos, como lo cita Mt 28, 16-20. Realmente la Misión nace con la Pascua de Jesús y el envió del Espíritu Santo, viendo al otro como miembro de una sociedad con recursos culturales, portador de conocimientos, tradiciones, escuchando la voz de los otros, siendo el dialogo la riqueza que dio sentido a la reflexiones individuales y de todo el grupo. Pudiendo entrar en su cultura, siendo testigos de la sabiduría, valores, pensar, modo de vivir y actuar del pueblo Pemón.





      Cada uno de nosotros fue evangelizado también, por la acogida de seres llenos de Fe, humildad, sencillez y esperanza de seguir adelante que ha sido transmitido por sus antecesores indígenas y ahora con la sed de Dios que cada día crece en sus almas. Más que llevar, más que enseñar, nosotros fuimos los que aprendimos, los que sentimos la grandeza de Dios en cada una de las personas que conocimos, el Pueblo Pemón es grande por su Humildad. El misionar llena cuando se le vive con intensidad y es lo que cada uno asumió vivir como Misioneros en las diferentes circunscripciones eclesiales, de donde somos, Punto Fijo, La Guaira, Los Teques, Valencia, Apure, Barinas, Maracaibo, Valle de la Pascua, Caracas.


     En si vivimos un tiempo de descubrimiento y encuentro con otra gente, otra cultura donde pudimos apreciar la riqueza que cada persona y cada pueblo lleva dentro de ella. Fuimos a dar algo, pero sin duda recibimos mucho más. Esta apertura al otro fue la condición indispensable para ser parte del grupo y para el éxito de nuestra experiencia. Hoy doy gracias por los esfuerzos, el interés, la dedicación y puesta en marcha de este hermoso y tan necesario proyecto por parte del Instituto Nacional de Pastoral, Universidad Católica Andrés Bello, Departamento de Misiones, Obras Misionales Pontificias, Consejo Misionero Nacional, Instituto Universitario Salesiano Padre Ojeda, para quienes hemos respondido al llamado de ser misioneros asumiendo el compromiso que tenemos como bautizados, y al asumirlo hoy, lo hacemos con mayor conocimiento, conciencia y fe en que es el mismo Jesús quien nos envía con la promesa que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos.